17. El diario de la reina

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Al bajar del carruaje lo primero que vi fueron dos filas largas de soldados que rodeaban el gran castillo

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Al bajar del carruaje lo primero que vi fueron dos filas largas de soldados que rodeaban el gran castillo. Una detenía a los civiles furiosos que deseaban ingresar al castillo, sin embargo no venían en ningún vehículo y, por lo tanto, tenían denegada la entrada. La segunda fila, que se encontraba varios metros detrás de la primera, controlaba a las personas que bajaban de los carruajes anotando sus datos y guiándolos hacia la entrada del edificio. El ruido de los gritos de los ciudadanos y la caminata constante de los caballos que arrastraban los vehículos se mezclaban dándome una punzada de ansiedad.

El palacio era alto, como veinte metros de altura, quizás más. Grandes torres llenas de ventanales de colores con mosaicos inentendibles le daban más elegancia y realeza al castillo. Este no tenía una gran muralla, pero con la cantidad de guardias que había era como si la hubiese. Luke me tomó la mano y con una mirada me advirtió: "No te separes de mi lado", y comenzó a caminar hacia el montón de gente acumulada alrededor de los guardias más cercanos al palacio.

─¿Nombres? ─preguntó una soldado con un tono serio.

─Luke Ruzz y Belladonna Valeriana ─contestó el pelirrojo, intentando prestarle atención a la mujer sobre todo el alboroto detrás nuestro.

─¿Vienen de la academia Nova, verdad? ─ambos asentimos con la cabeza. La guardia, quien llevaba una lista como todos los demás guardias, comenzó a buscar con la mirada entre los cientos de nombres allí ─. No los encuentro, ¿En que año están?

─Yo en segundo, ella en primero.

Luke parecía levemente preocupado, e incluso molesto. Me apretó un poco más la mano, me dolía pero preferí no decir nada. La guardia volvió a buscar pero negó nuevamente con la cabeza.

─No, no están. Lo lamento pero tendré que...

La mujer se vio interrumpida por Gia, quien apareció por detrás y se asomó por encima de su hombro.

─Están conmigo, en la lista real ─nos sonrió levemente antes de volver a mirar al soldado.

─Lo lamento, princesa, no lo sabía ─dijo ella, sacando una lista distinta e incluso un poco más corta ─. Sí, aquí están. Pasen ─se hizo a un lado y nos dio espacio para pasar. Ambos caminamos hasta llegar con la rubia.

─Por fin llegan, ya estaba pensando que no despertarías ─Gia me abrazó soltando un suspiro de alivio sobre mi nuca. Con la mano que aun tenía libre le correspondí el abrazo, aunque me tomó unos segundos quitarme la sorpresa.

─No tienes que ser tan pesimista ─bromeé al separarnos.

─Eso es porque tú no viste lo que yo vi. Fue horrible verte derrumbada sobre el suelo luego de salvarnos a todos.

─Supongo que sí ─contesté algo nerviosa. Recordar el dolor en mi cuerpo no era algo que anhelaba hacer.

─Bien, entremos. Les reservé unas habitaciones junto a las mías, además de lugares en el palco real ─nos sonrió orgullosa, a lo cual le dediqué una mirada de agradecimiento.

La heredera sin nombreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora