Si pudiese volver el tiempo atrás no lo haría.
Nadie nunca me advirtió. Ni siquiera me dieron un resumen o un aviso de dos palabras, quizás algo así como "¡Reina Enova!" o "¡Sos mágica!".
Mi sangre proclama un trono del que, por 16 años, nunca supe...
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─¿Sabes que tenemos que hablar sobre toda esta locura, no? ─preguntó Luke arqueando una ceja en mi dirección.
Re-capitulemos los hechos.
Después de demostrar mis cuatros poderes en la clase de artes mágicas volví a mi habitación y me encerré dentro de mi cama hasta que se hizo de noche. Gia intentó sacarme en todo ese tiempo pero no le hice caso. Solo le haría caso a Luke, pero los de segundo no pueden entrar al cuarto de los de primer año así que me quedé sola con mi remolino de emociones. Ese sentimiento de libertad y poder no lo había experimentado nunca, era algo nuevo y distinto que me volvía loca. Siempre fui una persona del control, de las que prefieren ser organizadas antes que confiar en sus impulsos, sin embargo esa magia no fue ninguna de las dos. Esa magia fue un acto reflejo, algo que ocurrió como una necesidad. Era comparado a respirar, en ese momento sentí que necesitaba más y cuando mi consciencia actuó en razón me detuve. Fue como dejarme ahogar. No lo entendí y me angustié por ello, así que me tapé con mis sábanas y allí me quedé.
Al día siguiente me levanté completamente cansada, sin embargo tuve que asistir a clases. Realmente no me importaba mucho faltar, no creía que fuese vital para mi vida si pronto volvería a casa.
De todas formas, la rubia insistió así que me arreglé y salí. Tuvimos clases de Educación Real, donde el profesor se presentó y habló sobre lo importante que es tener una educación formal por si algún día nos encontramos con alguien de la realeza. Claramente, Gia destacó en esta clase. Cultura Enovaniana, donde la profesora nos habló sobre que cada parte de Enova tenía una cultura distinta y era importante aprenderlas para tener una buena socialización con gente de otros lugares. Me mantuve callada y escondida, supuestamente yo era de Bluequeen pero parecía que ella sabía más de ese lugar que yo. Por si acaso, no hablé en toda la clase. Por último Control de Emociones, en la cual el profesor habló sobre que la estabilidad emocional condicionaba no solo nuestra magia si no que también nuestro día a día, y que a veces tendríamos que saber como controlarnos para no meternos en problemas.
Algunas horas después nos llegaron los cuadernos y objetos de necesidad que la academia pidió. A gente como yo, es decir, sin estabilidad económica, nos daban los cuadernos necesarios para las materias. Algunas tecas, ropa que podamos usar el resto del día que no tengamos clases y algunas cosas más gratis a favor de la enseñanza de todos los adolescentes enovanianos. Básicamente, el reino necesitaba mantener a su pueblo contento y gastar unas monedas más por unos cuadernos y un poco de ropa no les hacía daño.
Cuando llegó la noche cenamos en el comedor, y antes de irme a dormir Luke me arrastró hasta las afueras del colegio para charlar. Nos sentamos en el césped a ver la noche, como hacíamos en casa. Él ama observar las estrellas y yo amaba verlo sonreír por ello. Pero, volviendo a su pregunta, contesté tras un suspiro.
─Si, lo sé ─contesté acostando mi cabeza sobre el suelo, él hizo lo mismo.
─Donna, ni siquiera comprendo del todo lo que ocurrió. Un día estábamos festejando tu cumpleaños y al día siguiente caímos en un desierto ─expresó algo alterado y confundido a la vez.