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Jane estaba sentada en el peldaño superior del Salón de los Acuerdos junto a Clary, contemplando la plaza del Ángel. La luna había salido un poco antes y resultaba apenas visible por encima de los tejados de las casas.  Algunos guardas patrullaban la plaza a sus pies, y aparecían y desaparecían a medida que entraban y salían de la zona iluminada por las farolas de luz mágica.

Unos pocos escalones por debajo de ellas, Simon paseaba de un lado a otro; sus pisadas resultaban totalmente silenciosas. Tenía las manos en los bolsillos, y cuando daba la vuelta al final de la escalinata para volver a iniciar la marcha hacia el extremo donde estaban ellas, la luz de la luna brillaba en su tez pálida como si fuese una superficie reflectante.

  —Deja de dar vueltas —le dijo Jane—. Me pones nerviosa.

  —Lo siento.

—Es como si llevásemos aquí fuera desde hace una eternidad. —Clary aguzó el oído, pero no pudo oír más que el amortiguado murmullo de voces que llegaban de las cerradas puertas dobles del Salón—. ¿Oyes lo que dicen dentro?

  Simon entrecerró los ojos; pareció concentrarse profundamente.

  —Un poco —dijo tras una pausa.

  —Ojalá estuviésemos ahí dentro —dijo Clary, golpeando los tacones con irritación contra los peldaños.

Luke les había pedido que aguardaran al otro lado de las puertas mientras la Clave deliberaba; había querido enviar a Amatis fuera con ellos, pero Simon había insistido en que no era necesario, argumentando que sería mejor tener a Amatis dentro para apoyar a Clary.

  —Ojalá pudiese participar en la reunión.

  —No —dijo Simon—. Mejor no.

— Concuerdo con Simon — dijo Jane — Sólo Dios sabrá las cosas que dirán allí dentro.
 
  —A lo mejor puedo escalar uno de ésos —dijo Simon, observando los gruesos pilares blancos que sostenían el tejado inclinado del Salón.

  Había runas talladas en ellos en dibujos que se solapaban, pero aparte de eso no había asideros visibles.

  —Así estaría menos nervioso.

—Vamos, Simon —dijo Jane—. Eres un vampiro, no Spiderman.

  La única respuesta de Simon fue trotar suavemente escalones arriba hasta la base de un pilar. Lo contempló pensativamente por un momento antes de colocar las manos en él y empezar a trepar. Jane le contempló boquiabierta, mientas las yemas de sus dedos y los pies encontraban asideros imposibles en la piedra llena de aristas.

  —¡Eres Spiderman! —exclamó Clary.

Simon echó una ojeada abajo desde su posición a medio camino de la parte superior del pilar.

  —Eso te convierte en Mary Jane. Es pelirroja —dijo; echó una ojeada sobre la ciudad y entrecerró los ojos—. Creí que podría ver la Puerta Norte desde aquí, pero no estoy lo bastante alto.

  Jane sabía por qué quería ver la puerta. Habían despachado mensajeros hacia allí para pedir a los subterráneos que aguardaran mientras la Clave deliberaba, y Jane sólo podía esperar que estuviesen dispuestos a hacerlo.

  Las puertas dobles del Salón se abrieron ligeramente. Una figura delgada se deslizó por la abertura, cerró la puerta, y se acercó a Clary. Estaba en sombras, y hasta que no avanzó y estuvo más cerca de la luz mágica que iluminaba los escalones, Jane no distinguió la brillante llamarada de su melena roja y reconoció a la madre de Clary.

Jocelyn alzó la mirada con expresión desconcertada.

  —Bueno, hola, Simon. Me alegro de ver que te estás… adaptando.

Ciudad de Cristal ( III )Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora