-¡Simon! - llamó Clary.
La voz era débil, pero su oído la captó por encima de los estallidos y los chasquidos de las crecientes llamas. El humo del pasillo había presagiado calor y el calor estaba llegando, presionándolo contra él como una barrera sofocante.
-¡Simon! - llamó esta vez Jane.
-¡Simon, estúpido idiota! - dijo Clary - ¡Estoy aquí, al otro lado! ¡En la ventana!
Simon se puso en pie de un salto. Saltó sobre el camastro, aullando por encima del crepitar del fuego.
-¿Clary? ¿ Jane ?
-Vaya, gracias a Dios. - Jane alargó el brazo y le tocó el hombro-. Vamos a sacarte de ahí.
-¿Cómo? -preguntó Simon, razonablemente, pero se oyó el sonido de una escaramuza y las manos de Jane desaparecieron, reemplazadas al cabo de un momento por otro par de manos más grandes, indudablemente masculinas, con nudillos llenos de cicatrices y finos dedos de pianista.
-Aguanta. -La voz de Jace era tranquila, llena de seguridad-. Tal vez sería mejor que te echases hacia atrás.
Simon obedeció asustado. Las manos de Jace se cerraron con fuerza sobre los barrotes, y sus nudillos se tornaron alarmantemente blancos. Se oyó un crujido quejumbroso, y el cuadro de barrotes se liberó violentamente de la piedra que los sujetaba y cayó con estruendo al suelo junto a la cama. Una lluvia de polvo de piedra cayó en forma de asfixiante nube blanca.
El rosto de Jace apareció en el vacío de la ventana.
-Simon, ¡VAMOS! -Jace alargó los brazos hacia abajo.
El vampiro alzó los suyos y agarró las manos de Jace. Sintió como le izaban, y a continuación pudo sujetarse ya al borde de la ventana para darse impulso a través del angosto cuadrado como una serpiente que se retorciera a través de un túnel. Al cabo de un segundo estaba extendido cuan largo era sobre la hierba húmeda, contemplando atónito un círculo de rostros preocupados que le observaban desde arriba. Jace, Clary, Jane y Alec le miraban con inquietud.
-Estás hecho una porquería, vampiro -dijo Jace-. ¿Qué les ha pasado a tus manos?
Simon se sentó en el suelo. Las heridas de las manos habían cicatrizado, pero estaban todavía negras allí donde había agarrado los barrotes de la celda. Antes de que pudiera responder, Clary lo estrujó con un repentino y feroz abrazo.
-Simon -musitó-. No puedo creerlo. Ni siquiera sabía que estabas aquí. Hasta anoche pensaba que estabas en Nueva York...
-Sí, bueno -dijo Simon-. Yo tampoco sabía que tú estabas aquí. -Dirigió una mirada furiosa a Jace por encima del hombro de la muchacha-. De hecho, creo que se me dijo concretamente que no estabas.
-Yo jamás dije eso -indicó Jace-. Simplemente no te corregí cuando tú, como sabes, dijiste lo que no era. De todos modos, acabo de salvarte de quemarte vivo, así que creo que no se te permite enojarte.
-Samuel -dijo-. Tenemos que sacar a Samuel.
Jane permaneció desconcertada.
-¿Quién?
-Yo no era el único ahí abajo. Samuel..., él estaba en la celda contigua.
-¿El montón de andrajos que vi por la ventana? -recordó Jace.
-Eso. Es un tipo extraño, pero es un buen tipo. No podemos dejarlo ahí abajo. - Simon se incorporó a toda prisa-. ¿Samuel? ¿Samuel?
No obtuvo respuesta. Simon corrió a la ventana baja cerrada con barrotes que había junto a aquella por la que él acababa de arrastrarse. A través de los barrotes sólo pudo ver humo arremolinado.
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Ciudad de Cristal ( III )
FanfictionTras el reciente descubrimiento de sus habilidades, Jane se mantiene a raya, intentando ocultarlo por el mayor tiempo posible. Intentando salvar a la madre de Clary, los chicos emprenden un viaje a la Ciudad de Cristal. Allí Simon ha sido encarcelad...
