La voz de Valentine sonó ansiosa.
—Han transcurrido mil años, Criatura Gloriosa, pero la raza de los demonios sigue aquí.
«¿Qué es eso para mí? Mil años transcurren para un ángel como un abrir y cerrar de ojos».
—Los Nefilim que creasteis eran una gran raza de hombres. Durante muchos años combatieron valientemente para liberar este plano de la mácula demoníaca. Pero han fracasado debido a la debilidad de la corrupción en sus filas. Tengo intención de devolverlos a su antigua gloria…
«¿Gloria?».
El Ángel sonó levemente curioso, como si la palabra le resultase extraña.
«La Gloria pertenece sólo a Dios».
Valentine no titubeó.
—La Clave tal y como los primeros Nefilim la crearon ya no existe. Se han aliado con subterráneos, los no humanos que llevan la mácula de los demonios que infestan este mundo igual que moscas sobre el cadáver de una rata. Es mi intención depurar este mundo, destruir a todos los subterráneos y a todos los demonios…
«Los demonios no poseen alma. Pero en cuanto a las criaturas de las que hablas, los Hijos de la Luna, de la Noche, de Lilith y los seres mágicos, todos tienen alma. Parece que tu criterio sobre lo que constituye o no un ser humano es más estricto que el nuestro. ¿Tienes intención de desafiar al cielo como aquel otro Lucero del Alba cuyo nombre llevas, cazador de sombras?».
—No, desafiar al cielo, no, lord Raziel. Aliarme con el cielo…
«¿En una guerra creada por ti? Nosotros somos el cielo, cazador de sombras. Nosotros no peleamos en vuestras batallas mundanas».
Cuando volvió a hablar, Valentine parecía casi dolido.
—Lord Raziel. Sin duda no habríais permitido la existencia de un ritual por el que se os pudiera invocar si no tuvieseis intención de ser invocado. Nosotros los Nefilim somos vuestros hijos. Necesitamos vuestra guía.
«¿Guía? —Ahora el Ángel sonó divertido—. Ése no parece precisamente el motivo de que me hayas traído aquí. Buscas más bien tu propio renombre».
—¿Renombre? —repitió Valentine con voz quebrada—. Lo he dado todo por esta causa. Mi esposa. Mis hijos. He dado todo lo que tengo por esto… todo.
El Ángel se limitó a flotar, contemplando a Valentine con sus ojos fantásticos e inhumanos. Sus alas se movían en lentos movimientos no deliberados, como el paso de nubes por el cielo. Por fin dijo:
«Dios le pidió a Abraham que sacrificase a su hijo en un altar muy parecido a éste, para ver a quién amaba más Abraham, a Isaac o a Dios. Pero nadie te pidió a ti que sacrificases a tu hijo, Valentine».
Valentine hecho un vistazo abajo al altar situado a sus pies, salpicado con la sangre de Jace, y luego miró de nuevo al Ángel.
—Si no tengo otro remedio, te obligaré a hacerlo —dijo—. Pero preferiría obtener tu cooperación voluntaria.
«Cuando Jonathan Cazador de Sombras me invocó —dijo el Ángel—, le presté mi ayuda porque pude ver que su sueño de un mundo libre de demonios era auténtico. Él imaginaba un cielo en esta tierra. Pero tú sueñas únicamente con tu propia gloria, y no amas al cielo. Mi hermano Ithuriel puede atestiguarlo.
Valentine palideció.
—Pero…
«¿Pensaste que no lo sabría?».
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Ciudad de Cristal ( III )
FanfictionTras el reciente descubrimiento de sus habilidades, Jane se mantiene a raya, intentando ocultarlo por el mayor tiempo posible. Intentando salvar a la madre de Clary, los chicos emprenden un viaje a la Ciudad de Cristal. Allí Simon ha sido encarcelad...
