63) Mierda y cuchara

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—¿Entonces se llevó al perro a su casa y a ti te mando en Uber? Quedaste como mensa pensando que te invitaría a su casa, ¿verdad? —se mofó Marcela tumbada boca abajo en la cama, y sacudiendo el juguete del gato

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—¿Entonces se llevó al perro a su casa y a ti te mando en Uber? Quedaste como mensa pensando que te invitaría a su casa, ¿verdad? —se mofó Marcela tumbada boca abajo en la cama, y sacudiendo el juguete del gato.

—¡Claro no! O sea, no digo que sea mala idea, pero fue nuestra primera cita. Yo creo que para una primera cita fue perfecta.

—Te llevó a comprar cosas para el trabajo, te subiste a un camión, un pájaro le hizo popo a tu mochila y al final le ayudaste a meter a un perro sarnoso dentro de una caja... suena idílico, no sé, tal vez yo soy una persona que no sabe mucho de romance.

—Pero bien que le sabes a comer verga de payaso, pinche Marcela grosera. Además yo ni cuenta me di de lo del pájaro —refunfuñó Emili, viendo a su hermana desde el espejo del tocador.

Mimi ya intentaba quitarle el listón a su dueña y daba saltitos para alcanzarlo. 

—Lo siento, pero es que Cayetano no me cae bien.

—Nadie te cae bien. Pero a ver, tienes que empezar a tratarlo porque ¡oh, sorpresa! Es tu cuñado.

—¿Cuñado? Ni siquiera te pidió que seas su novia.

Emilia agachó la mirada, analizando las palabras de su hermana contra las acciones de Tano.

—No me lo pidió, pero está implícito, ¿no? Tuvimos nuestra cita, hubo besos, perritos, churros...

—Igual no me cae bien.

—Igual tienes que intentar darle otra oportunidad.

»¿Me regalas tus cortinas? Se ven bonitas.

—No, y tampoco te las robes, sé que me robaste unos broches.

—Los tomé prestados, Marcela youtuber...

—¡Emilia deja de estar revisando mis cosas!

Genoveva y Damián se encontraban sentados en el comedor, tomando café y comiendo galletas

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Genoveva y Damián se encontraban sentados en el comedor, tomando café y comiendo galletas. Querían verse casuales, pero ambos ya deseaban que Cayetano llegara con los pormenores de su cita.

—¡Escuché la puerta, ya llegó!

—¡No te pares, déjalo llegar para que no sienta que lo espiamos! —ordenó Damián estirando los brazos, Beba refunfuñó, pero hizo caso y volvió a acomodarse.

No te pago para que me insultesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora