Arlette Torricelli, una chica hermosa con una sonrisa angelical, con ese par de ojos peculiares grises y una carita inocente, ocultaria un secreto y un pasado que la atormenta desde que era una pequeña niña.
Frey Stein es un chico callado, reservad...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Se encontraba encerrada en la habitación del "infierno" como nombro aquel lugar, donde torturan y matan a todo aquel que desafía a Adrien Cash o ya sea Regan Cash.
Y hoy no era la excepción, solo que en lugar de una persona ajena, la menor de ellos estaba sentada en un rincón, despues que tanto su padrastro como Regan se desquitara con ella, golpeando como normalmente hacían pero ella aguantaba con tal de salir algún día de ese lugar.
De pronto se abre la puerta, haciendo que su corazón empiece a acelerarse y comienza a respirar con dificultad, mira a uno de los tantos hombres que trabajan con ellos bajando escalón por escalón lentamente y una vez que ha llegado al piso la mira con una sonrisa retorcida, causando escalofrío en ella.
-Me estabas esperando...- dice de forma tan asquerosa.- Ahora mi niña, mas vale hacerme caso en todo, nadie te ayudara...- dice amenazante.
Arlette no entendía, no hasta que le quito lo que quedaba del vestido todo rasgado y la amarró de las muñecas a la fuerza, en ese momento a Arlette la golpeó la realidad, la cruda realidad que estaba por venir.
Empezo a forcejear para intentar liberarse y jadea al sentir la orrsion en sus muñecas, pero no podia, ella no paraba de llorar y suplicar que se detuviera.
-¡Déjame por favor!- lloraba e intento salir de sus manos.
-¡Deja de llorar!- le dio una cachetada.- o dejaré de considerar ser delicado contigo.
Pero ella no podia evitar llorar, la empezo a tocar, bajando su mano hacia sus pechos para apretar sus pezones, siguió bajando a su abdomen para llegar a su intimidad, metió sus dedos de una vez mientras Arlett no paraba de moverse para que parará. La solto de las cadenas para ponerla de rodillas y se colocó frente a ella.
-Chupalo.- ordena demandante.
Arlette niega con lagrimas en sus ojos, lo que se ganó otra cachetada. A ver que se negaba la tomo del cabello para empezar a follarle la boca sin compasión.
Luego la empujo y no paso ni un segundo, cuando la penetro de una estocada causando que sus lágrimas aumentarán más, entraba y salia sin ninguna compasión de manera rapida haciendola sangrar, algo que al hombre no le preocupaba.
-¡Basta por favor!- grito Arlette.- ¡Detente! Por favor...