Extra #1

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1 mes después.

-¿Cuánto falta?- interroga fastidiado que aún no se terminarán las cajas.

-Unas cuantas.- responde la azabache entregando otra y al mismo tiempo dando la vuelta para ir por el resto, justo cuando ella iba entrando sale su hermano.- No vayas a dejar nada.

El chico no contesto solo se limito a dejar la última caja donde estaban sus pertenencias en uno de los autos, soltó un suspiro silencioso mirando de reojo la casa abandonada a un costado de dónde ellos vivían.

Habían sido días difíciles para cada uno de los miembros de aquella familia, pero aún más para uno de sus integrantes. Ver ese lugar desolado, sin tener la mínima señal de algún alma rodando, en especial saber que la presencia de ella no se encontraba ahí.

-Frey, ¿A dónde carajos vas?- cuestiona Heist hastiado de que no terminara la mudanza.- No hemos terminado, joder.

Ignorando lo que Heist decía, camino con pasos pesados hasta la puerta de la casa, la cual se abrió fácilmente pero el aparato de la alarma empezó a parpadear una luz roja. Recordando la vez que observo la clave que ella había ingresado, apagó la dichosa alarma antes de que hiciera algún escándalo o enviara una advertencia; aunque prefirió que hubiera sido la segunda opción, teniendo la idea de que posiblemente ella regresaría.

Pero no lo hará.

Suspiro pesadamente caminando hacia la sala principal creyendo que estaba vacía y empolvada. Y como no, si hace un mes los chicos habían ido a recoger lo que podían llevarse; cuando eso sucedió, Frey los estuvo había observado por la ventana de la sala principal meter algunas cosas en una camioneta negra, pero ahora que estaba dentro de la casa, habían cosas que seguían en su lugar.

Los muebles cubiertos por una sábana blanca, la cocina estaba en orden y las decoraciones como jarrones, retratos, objetos de cerámica estaban rotas por el suelo empolvado y algunas telerañas en las paredes. Pero lo que más llamo su atención, eran las pisadas de sangre que iniciaban en la entrada del jardín trasero pero se perdían en diferentes direcciones.

No le tomo mucha importancia sabiendo lo que hacían los antiguos dueños, camino hasta las escaleras subiendo a la segunda planta, la cual parecía que un torbellino paso por allí. Ya que todas las habitaciones estaban destruidas, entro despacio al único dormitorio que realmente le podría importar; basto dar un paso en la misma para que a sus fosas nasales llegara el aroma perteneciente a ella.

Lavanda.

Cerro sus ojos de inmediato mientras aprieta sus puños a sus costados y tensa la mandíbula sintiendo impotencia. El aroma de lavanda estaba tan impregnado en el ambiente como si aún estuviera la presencia de ella, pese que el lugar estaba todo desordenado como lo recordaba.

-No vuelvas a entrar así de la nada.- reclama la castaña rodando los ojos con diversión.- Te imaginas que entres y me encuentres como mí mami me trajo al mundo.

-No es nada que no haya visto.- responde haciendo que ella enarque una ceja.- Y sería algo que nunca me cansaría de ver.

-Si sigues diciéndome cosas bonitas, me voy a morir de amor.- susurra colocando sus manos alrededor del cuello de Frey mientras le brinda una sonrisa ladina.

-No puedes morirte de amor, Arti.- aclara Frey con un tono obvio, pero la ojigris sonríe asintiendo serena.- Sería imposible.

-Lo sé.- murmura sin dejar de sonreír para después terminar la distancia que ambos tenían, besando los labios de Frey.

NUESTRO SECRETOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora