Arlette Torricelli, una chica hermosa con una sonrisa angelical, con ese par de ojos peculiares grises y una carita inocente, ocultaria un secreto y un pasado que la atormenta desde que era una pequeña niña.
Frey Stein es un chico callado, reservad...
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Ahora si se podia sentir en ambiente tan tenso e incomodó que hasta con una tijera se podia cortar. Ninguno de los dos bajaba la mirada, hasta ese punto Arlette seguía guardando la calma pero no por mucho tiempo.
-Kaia, porque no van agarrar postre con Arlette y tal vez ver una película.- habla Mila hacia su hija con tal de cortar la tensión.
-Si mamá...- asiente.- Vamos Arlette.- le habla Kaia quien se le notaba incómoda. Arlette solo se levantó y la jalo del brazo ni tiempo de hablar le dio.
Corto dos porciones de torta que habia hecho y se encaminaron hasta su habitación, encendio su televisor y colocó una pelicula en Netflix.
-Lo siento, no queria que te sintieras incómoda.- habla por primera vez Kaia desde que estaban allí.- Entiendo si quieres dejar de ser mi amiga.- Arlette la volteo a ver con el ceño fruncido.
-Hey, Kaia tranquila lo que paso abajo no es tu culpa, yo no tenía que responderle de esa forma...- juega con la cuchara.- Pero no me gusta hablar de mi vida familiar y eso no significa que dejemos de ser amigas.- le sonrio sincera.
Ambas chicas se abrazaron y siguieron viendo la pelicula, bueno ni viendo porque hablaban de cualquier cosa, decían chistes sin sentido y no paraba de reir. Arlette se sentía tranquila y serena, estaba segura que no le gustaría perderla, Kaia la hacía olvidar todos sus problemas.
Pasaron las horas junto con Kaia hasta que llegó la hora que Arlette tenía que regresar a su hogar. La Stein se ofreció acompañarla a la puerta pero Arlette se negó y antes de salir se despidieron.
Cuando bajó de las escaleras, vió a Mila en la sala con una copa de vino y notó que estaba sola, Arlette quería pasar desapercibida pero falló, ya que Mila notó la presencia de la azabache.
-Arlette.- la mira con una pequeña sonrisa.
-Mila...- se acercó.- Quiero pedirte una disculpa, por lo de la cena se que no estuvo bien la forma en que reaccione. Pero no me gusta hablar sobre mí vida familiar, menos de mis... mi mamá.
Arlette siente de repente dos brazos rodearla y acariciandole la espalda, la azabache no se había dado cuenta cuando Mila se levantó.
Asi se siente el calor de madre
Sin pensarlo mucho, Arlette le correspondio el abrazo, los muros que construyó en su interior empezó a sentir como se desmoronaban, quería llorar pero no quería demostrar debilidad. Ambas se sentaron en el sillón donde de encontraba Mila sentada antes.
-Perdóname a mi, él no tenía derecho de mencionar o preguntar de tu vida privada.- le dice mientras sonreía dulcemente.
En eso baja Frey de las escaleras con una pijama de trenes y el cabello alborotado por la cara que traia, Arlette dedujo que no podia dormir.
-¿No puedes dormir?- le pregunto Mila él sólo negó con la cabeza.- Arlette no te molesta esperar unos minutos, sólo le haré un té a Frey, ya regreso.