Arlette Torricelli, una chica hermosa con una sonrisa angelical, con ese par de ojos peculiares grises y una carita inocente, ocultaria un secreto y un pasado que la atormenta desde que era una pequeña niña.
Frey Stein es un chico callado, reservad...
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-¿Sabes lo que más me gusta de ser un noveno?- cuestiona el azabache acariando la muñeca de Arlette.
-La sangre.- responde con una sonrisa.- El sufrimiento ajeno...
-En parte, pero no...- asiente y ella lo mira a los ojos.- Fue conocerte...- acaricia su mejilla.- Conocerte hace que valga la pena, mi pequeña Arti.
La mencionada le sonríe con dulzura antes de fundirse en un beso, pero no cualquier beso, si no el beso que demostraba lo que no podían decir con palabras.
Para Arlett el hombre frente a ella, era lo único bueno que había tenido en años prácticamente, por él conoció lo que era amar a una persona y lo que llevaba estar enamorada, ambos fueron felices a pesar que fueran de distintas manadas, eso no les importó y llegaron a tener planes mucho más allá de un noviazgo.
Pero eso jamás paso, se derrumbó todos aquellos planes cuando su pasado la alcanzó, arrebatandole al hombre que amaba
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Luego de aquella rara conversación con el chico rubio, Arlette paso parte del día leyendo en busca de inspiración para seguir pintando pero no había modo que lo obtuviera. Hasta que finalmente se canso y se metió a bañar, para salir junto a los chicos como mayormente lo hacen todas las noches.
Se viste con unos jeans negros, un top gris, una chaqueta mezclilla negra y unos botines negros, definitivamente su color favorito era el negro. Va a una de las gabetas del armario y saco unas navajas como cuchillas que tenía guardadas, eran sus armas favoritas aparte de las armas de fuego por supuesto, guardo unas cuantas en su mochila y una linterna.
-¡Tocan la puerta!- grita Poe desde su habitación.
-¡Ve abrir tú!- le grita devuelta la castaña.
-¡No soy tú sirviente!- Arlette rueda los ojos divertida.- ¡Damián..!
-¡Ya voy maldita sea!- grita el azabache malhumorado.
Arlette no evitó reír ante eso, ya que no era la primera vez que Poe y Arlette hacían eso con tal que él azabache abriera siempre la puerta, además que les agradaba verlo enojado.