Arlette Torricelli, una chica hermosa con una sonrisa angelical, con ese par de ojos peculiares grises y una carita inocente, ocultaria un secreto y un pasado que la atormenta desde que era una pequeña niña.
Frey Stein es un chico callado, reservad...
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-¿Hoy si irás a la escuela?- cuestiona Damián al verla.
-Si papá Damián.- contesta Arlette con burla.- Oh, hola Padme... o te digo mamá Padme.
-Aunque me halaga, se haces sentir vieja.- ríe la mencionada.
-Ustedes se lo pierden.- se encoge de hombros.- ¿Y Poe?
-Sigue dormido.- contesta Damián.
-Esta bien.- dice Arlette.- Los veo luego.- se despide de ambos.
-Cuidate y deja el teléfono siempre encendido.- le advierte.
-Como digas papá Damián.
Sale corriendo al ver las intenciones del azabache en darle una golpiza, iba caminando por la calle mientras miraba el cielo y las pocas nubes en ella, frunció el ceño al sentir que alguien la estaba siguiendo, se detuvo para ver detrás de ella pero no había ningún alma. Por lo que supuso que su cerebro le estaba haciendo una mala jugada, así que suspiro evitando entrar el pánico.
Siguió caminando por la calle, pero esa sensación de que alguien la seguía la empezaba a abrumar, volvió a ver detrás de ella pero no había nadie, decidió apresurar más sus pasos ya que solo faltaban dos calles para llegar a la escuela.
Sintió que los pasos detrás se acercaban más a ella, discretamente metió su mano en la bolsa de su abrigo y tomó de este una navaja que siempre llevaba consigo, la apretó fuertemente y miró de nuevo sacando el arma pero la bajo al darse cuenta de quién se trataba.
-¡Joder!- gritó y suspiro pesadamente.- ¿Acaso quieres matarme del susto?
Era demasiado notorio la diferencia de estatura, ya que Arlette tuvo que alzar un poco la mirada para ver que Frey la miraba con curiosidad.
-¿Vas a responder?- cuestiona Arlett con los brazos cruzados.- ¿Eres mudo?- siguió preguntando pero no obtuvo respuesta alguna, a cambio notó que Frey le quitaba la mirada para ver la navaja en la mano de ella.- Solo la uso en casos de peligro, así como ahorita que estaba a nada de rebanar tu cuello por seguirme. ¿En serio eres mudo?
-Frey, te estaba buscando.- llega Kaia con la respiración agitada.- Ah, hola Arlette.
-Hola Kaia.- saludo amablemente.- ¿Van a la escuela?
-Si, hoy empezamos pero Frey se adelantó sin esperarme.- mira mal a su hermano.- ¿Podemos ir contigo? Claro si no te molesta...
-No tranquila.- responde viendo de reojo a Frey.
Los tres comenzaron a caminar y Arlette iba en medio de ambos, al principio nadie dirigía ninguna palabra y eso comenzaba a incomodarle, ya que aunque no fuera muy platicadora le gustaba tener algo de sonido.
No quería empezar a preguntar cosas personales sobre ello, ya que eso con llevaría a tener que responder de igual manera, y era algo que no quería hacerlo menos a dos desconocidos.