12. DESCONFIANZA

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ATENEA

La mañana en que desperté y no encontré a Nick recostado sobre la cama, sentía como mi corazón latía tan rápido. ¿En qué momento se había ido? Ni siquiera se despidió y menos hizo el intento de agradecerme por el gesto que tuve con él. Pese a ello, lo último que espero es recibir algo a cambio de las personas. Claramente Nick había sido ese ejemplo.

Mi día se resumió en una larga jornada con los niños, luego de que salieran de la escuela decidimos pasar la tarde jugando y divirtiéndonos juntos. Sin dejar de lado la visita sorpresa por parte de Harrison, que alegró a los niños luego que les regalara una caja de galletas. De regreso del trabajo la pareja de esposos me dio la noche libre en la que Harrison les pidió permiso para que pudiera salir con él. Aceptando finalmente.

Así fue que Harrison y yo fuimos a caminar al centro de la ciudad para que conozca más de los lugares históricos y artísticos que tenía Kensington. Terminando nuestro encuentro en los jardines más grandes pertenecientes a uno de los palacios más reconocidos. No tardó nada cuando en el momento menos inesperado que nos encontrábamos solos, sus labios hicieron roce con los míos. Me había robado un beso y ni siquiera pude detenerle. Fue un beso tierno, sin alcohol en nuestras venas y cien por ciento consciente de lo recíproco que había sido. No obstante, no me sentía como él. Sus ojos brillaban de la emoción y su rostro enmarcó esa sonrisa delineada con esos frenillos que no desapareció hasta que me dejó sana y salva en la casa de los Wilson.

Durante la noche no podía dormir, traía a mi mente a Harrison. Sin duda desde que lo conocí él se comportó de la mejor manera conmigo y fue muy caballero. Entonces ¿Por qué no es suficiente? ¿Por qué no siento ese cosquilleo en el estómago? Llámenlo como quieran mariposas o gases, empero las emociones de una primeriza enamorada no fueron del todo estupendas como creí. Caso contrario a Nick, que me intimidaba cada vez que lo tenía cerca de mí, llegando a ponerme nerviosa por el hecho de interactuar con él. No dejaba de pensar en el segundo hijo de los Crown desde la última vez que estuvo aquí y mostrarme ese lado tan vulnerable que tenía.

Cuanto me hubiera gustado que al menos hiciera el intento de contactarme para, aunque sea agradecerme y explicarme por qué se fue así, sin despedirse. Pero nunca lo hizo. Luego hago memoria el cambio rotundo personalidad que tiene de un momento a otro y se me pasa. Tal vez eso es lo que fue, una de sus caras y ahora esté como la persona que lo conocí desde la primera vez. Un picaflor que va de flor en flor buscando del más dulce néctar.

De regreso de la escuela luego de dejar a los niños, me entretuve caminando contemplando las hermosas calles por las que pasaba. Lo que le caracterizaba a este lado de Inglaterra era la elegancia y arquitectura gótica de sus infraestructuras, lo que más llamó mi atención cuando llegué aquí. Al pasar por un carrito de helado me pedí uno sabor a menta, sabía que era muy temprano para degustar uno, pero estaba saliendo el sol y por muy bajo que se encontraba, se podía sentir el calor.

Después de entrar al vecindario donde vivían los Wilson, detuve mis pasos al ver salir a Nick con una nueva chica que no conocía. Con un vestido elegante notándose su espalda descubierta, con un porte refinado, misma clase, hermoso rostro y cuerpo. En pocas palabras la desconocida de rasgos asiáticos era sacada de una pasarela de Vogue.

Sus labios hicieron fricción con los suyos, finalmente uno de los señores de seguridad del lugar le abrió la puerta de un auto negro largo y en seguida la vio irse.

Quería procesar lo que había visto, realmente hacía el intento. ¿Cómo es que hace un día estaba llorando por la que decía ser el amor de su vida y ahora esté con otra? Es que no lo podía creer. De verdad me asombraba la facilidad de fingir sentimientos o las distintas personalidades que posee, porque eso es lo que había sido durante toda la noche. Tratar de armar un teatro, sólo para llamar la atención con una de sus personalidades y bueno que bien le salía, porque me la creí.

LIBERTAD DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora