62. INTUICIÓN

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ATENEA LAPOINT

A solo un día de volver a Inglaterra, el tiempo se quedó cortísimo en nuestra estadía de esta parte de la selva. Mi corazón se hacía chiquito cada vez que pensaba en mi relación con Nick cuando estemos de regreso. No sabía lo que iba a suceder, pero presentía que él no me estaba contando sus verdaderas intenciones conmigo, con nosotros. Por más que aparentaba estar bien cada vez que está cerca de mí, he podido ver más allá de sus ojos. La preocupación que lo emana, las largas duchas que tomaba después de tener algún contacto directo en el móvil o las pequeñas lágrimas que se le formaba después de hacer el amor conmigo, diciéndome siempre que fui lo mejor que le he pasado, en pretérito perfecto, pasado, como una despedida.

Luego de terminar de arreglar mi maleta bajé directo al bar del hotel, necesitaba pensar un poco de todo el drama que estaba creando mi cabeza con esas noticias que recibí en estos días sobre Nick y que no me han dejado tranquila. Aprovecho que el rubio se encontraba descansando en el spa, últimamente anda estresado y le sugerí que vaya a ese lugar para que le den unos masajes relajantes. Hubiera preferido hacerlo yo, pero no me sentía lo suficientemente estable y lo último que me gustaría es pasarle mis energías negativas por culpa de mis preocupaciones.

Reposo la copita sobre la barra, una bebida alcohólica tradicional del Amazonas ligeramente dulce y afrodisiaca. El ardor sucumbía mis cuerdas vocales quemando desde lo más fondo de mi estómago, no había mejor medicina para apaciguar un poco la marea de mi intranquilidad. Añadiéndole, la vista que contemplaba desde mi sitio, el inmenso río notándose con más claridad por el alumbrado que parecían mismas luciérnagas acompañado del sonido de los insectos nocturnos que descansaban en la inmensa sabana tropical.

—¿Mal de amores? —me preguntó el joven de acento selvático, —Nada que un Chuchuhuasi no resuelva. Acercándome la bebida.

—No exactamente. Pero lo acepto. —tomándolo de un solo sorbo. —De rico aroma, pero amargo.

—No muy diferente a las personas ¿eh? —soltando unas pequeñas carcajadas. —Fingiendo ser buenas cuando por dentro no tienen más que un oscuro corazón.

Doy una breve pausa, antes de hablar, lo último que haría es comparar un típico licor con el chico que salía. Pero es difícil no hacerlo cuando por dentro me estaba ocultando crueles sucesos que le han marcado en su pasado y que de algún u otro modo podría afectarnos, pero él simplemente actúa como si todo estuviera bien.

—Deme dos más. —le pido por favor. Ya no sabía cuántas copitas había tomado, pero sí que aún no pasaba de los diez, sin embargo, estaba cerca. Quería aprovechar este momento que me encontraba sola, para poder olvidarme de todos y de todo. Deseaba que mi mente y mis sentimientos se detuviera por un momento, y ser un simple pedazo de materia, nada más.

—Vale, creo que ya fue suficiente. —se interpuso una clara mano apartándolo de inmediato. Volteo hacia él y lo observo detenidamente, por más que el alcohol ya se estaba apoderando de mí, la belleza de este chico difícil no notarse. El bronceado perfecto de su piel y el rosado de sus pómulos definitivamente es algo que se le acentúa de manera tan uniforme.

—Sírvame otro por favor. —sin hacerle caso, vuelvo donde el joven para ordenar nuevamente.

—Discúlpela, creo que ya no será necesario más licor por hoy. Muchas gracias. —le ordenó el rubio al encargado de las bebidas. —¿Qué sucede contigo?

—¿Qué sucede conmigo? —repito a mí misma. —Nada.

Y en el menos descuido, le quito el pequeño vasito que me había arrebatado al inicio y lo bebo.

LIBERTAD DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora