41. VENGANZA

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¿Qué podría ser más doloroso? ¿Qué mis sentimientos no hayan sido correspondidos o seguir amando a una persona que ya no vive en este mundo?

Estaciono mi automóvil dentro de la cochera de British Company, un inmenso edificio con más de veinte pisos y diseño arquitectónico espiralado. Una de las mejores compañías de petróleo de la familia Bayle y la pesadilla actual de Shell, comandada por Carlos Crown.

Arreglo las zuelas de mis zapatos, antes de entrar por la gran puerta. No hubo necesidad pasar por inspección, ser representante, mano derecha y secretario directo de Oliver y Georgina Bayle, tenía sus privilegios. En esta compañía me consideraban un jefe más, respeto que me he ganado por mi trabajo y mis estudios como ingeniero empresarial en una de las mejores universidades de California. Doy pasos para ir directo hacia el ascensor que llevaría al piso principal de mi estudio, cruzándome una vez más con el gran cuadro de los esposos Bayle, dueños de la compañía junto a su única hija.

Heather Bayle.

Paso con dificultad.

Cada vez que entraba a trabajar a la empresa hacía el intento de no quedarme estático en su recuerdo. No solo me resultaba doloroso sino traía a mi mente los momentos más tristes que afronté por su fortuita pérdida hace tres años. Desde que tengo uso de razón mi amor hacia esa chica rubia y lunar cerca al labio, siempre ha estado presente desde la primera vez que pisé esta compañía como practicante de mi carrera. Aún recuerdo la primera vez que nos encontramos en estos mismos elevadores. Heather cursaba su año universitario en medicina, tuvimos una conexión amical increíble sin imaginar que sería hija de los dueños de esta empresa. Gracias a ella, pude conocer a sus padres y me dieran la oportunidad de demostrarle lo eficaz que podría llegar a ser para este negocio.

Así resultó, gracias a Heather pude adentrarme más a este mundo de los negocios, pero sobre todo descubrí sentimientos por ella que nunca hubiese imaginado hacia alguna mujer. Nuestra platicas, las salidas que teníamos y los momentos que pasábamos juntos me confirmaban que cada vez estaba enamorado de ella. Tal como un escritor podría amar a su musa. Su forma de ser, su belleza y ese puro corazón había conquistado el mío. Sin pensar que, de un momento a otro podría arrebatármela. La vez que me contó ilusionada sobre aquel chico que se cruzó en los pasillos de su universidad. Jamás pensé que iba dolerme, verla hablar tan enamorada de alguien más. Mi corazón lentamente se encogía.

Por la única razón, el amor de mi vida había encontrado al suyo.

Salgo del ascensor para ir directo al estudio de Oliver Bayle, había mandado a llamarme antes de seguir con mis labores de trabajo. El piso donde se encontraba la oficina principal es el más lujoso de todos, cerámica de mármol por todos los alrededores, candelabros adornando en el techo y tecnología de último modelo en cada uno de sus artefactos.

Unos gemidos de llanto me detuvieron antes de tocar, escuchar a la señora Bayle así cada vez que se reunía junto a su esposo se me partía el corazón. Porque las veces que eso sucedía, giraba en torno al mismo tema.

La pérdida de su única hija.

—Señores Bayle, buenos días espero no interrumpir. —expreso antes de entrar. Georgina se da la vuelta para limpiarse el rostro y el señor Oliver da el permiso para que entre.

—Simon Jean. —saludó cortés mi jefe.

—¿Todo está bien con la señora? —sabía que no estaba en el derecho de preguntar, pero lo último que me gustaría es ver sufrir a la mujer que no se merecía tanto dolor.

—Verás, Georgina siempre se pone sensible en estas fechas creo que es el espíritu navideño que está muy cerca.

—Desde hace tres malditos años no existe el espíritu navideño para nosotros Oliver.

LIBERTAD DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora