Siete

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Naruto se despertó en una habitación oscura y pequeña de hospital. Había una ventana, pero las persianas estaban echadas. No sabía si era de día o de noche. Había artilugios médicos por todos los rincones. Una máquina monitorizaba sus constantes vitales, emitiendo pitidos.

¿Cuánto tiempo llevaba
inconsciente? ¿Horas?
¿Días? Tenía la boca seca y pastosa. Al tratar de moverse, descubrió que tenía el brazo escayolado. De su brazo izquierdo colgaba una aguja intravenosa por
la que entraba un líquido incoloro gota a gota. Le dolían las costillas, pero al menos cuando respiraba ya no sentía que ése sería su último aliento.

Naruto trató de levantar la cabeza. Y gimió. Se sentía como si tuviera un elefante sentado encima. Recordaba haber oído a alguien decir que tenía una leve contusión. Pero no debía ser tan leve. Bien, ya bastaba de quejarse. Podía soportar el dolor. Había sobrevivido a cosas peores. De hecho tenía suerte de estar vivo. De pronto recordó. La pierna.

Naruto trató de mirar hacia los pies de la cama. Sí, la pierna seguía ahí.
Escayolada desde la punta del pie hasta la ingle, pero unida aún a la cadera. Sólo había soñado que la perdía.

Naruto suspiró aliviado. Le habían salvado la
pierna. Así que Sakura había cumplido su promesa. ¡Vaya! Había sentido su presencia en todo momento durante aquella pesadilla.

Debía estarle agradecido, y lo estaba. Pero eso era todo. Habría sido un
imbécil de preocuparse por la señorita Sakura. Sí, ése era el lugar que le correspondía... muy por encima de él... Porque, definitivamente, ella estaba por completo fuera de su alcance.

Naruto miró a su alrededor en la habitación vacía. ¿Dónde demonios se había metido ella? Giró la cabeza expectante al oír la puerta abrirse, pero era la enfermera. Menuda desilusión. Leyó su nombre en la tarjeta sujeta a la solapa del
uniforme. Ino.

—Veo que por fin estás despierto —comentó ella, moviéndose alrededor de la cama y revisándolo todo—A veces la anestesia produce ese
efecto.

Naruto trató de seguir sus movimientos con la vista, pero se mareó. Se
pasó la lengua por los labios y trató de articular palabra.
—¿Cuánto tiempo llevo aquí?
—Llegaste hace tres días. ¿Te duele algo?

Todo, pero eso no era lo peor.
—No siento la pierna —afirmó Naruto, pronunciando en voz alta su peor temor.

—Las pruebas demuestran que la médula espinal está intacta, sólo un
poco magullada e hinchada —sonrió Ino.

Bien, eso lo explicaba.
—¿Y cuánto tiempo tardaré en sentir algo?
—Estas cosas llevan tiempo —respondió la enfermera, ahuecándole la almohada—¿Necesitas algo?

—Agua, tengo la boca seca.
—Iré por hielo picado. Tu mujer debe estar a punto de volver. Se
alegrará de verte despierto.
—¿Mi qué? —preguntó Naruto, boquiabierto.

—Sakura es una chica estupenda —comentó la enfermera, metiéndole un termómetro en la boca.
—Mmm —asintió Naruto.

La imagen de Sakura Haruno invadió su mente. Alta y esbelta, era una chica tranquila y reservada, y tenía una elegancia natural. Tenía la piel pálida, los cabellos largos y rosas.

Era tan refinada, que todo en ella parecía gritar: «No me toques». No era un refinamiento fingido. Cada vez que la veía, Naruto sentía deseos de desbaratar toda aquella perfección, de quebrar su imagen, de soltarle el pelo. Y de tocarla.

Entonces apareció Sakura. Como si hubiera presentido que la llamaba. Se detuvo en el umbral y abrió inmensamente los ojos, unos ojos verdes rodeados de un halo de oro que expresaban magníficamente cada
emoción.

—¡Naruto!
Naruto musitó algo ininteligible a causa del termómetro, frunciendo el ceño. Su mujer tenía que contestarle a ciertas preguntas. Sakura por lo general segura de sí misma, parecía en ese momento tensa.

Miró a Naruto, a la enfermera, y volvió por último la vista de nuevo hacia él.
—Me alegro de verte despierto, tienes mejor aspecto.
Por fin la enfermera le quitó el termómetro. Naruto trató de sonreír y dijo:
—Mentirosa.

Sakura se ruborizó. Eso lo intrigó. Tenía la tez muy pálida. Su cabello era de un tono rosado claro. Lo llevaba sujeto a la espalda con un pasador plateado. Llevaba un traje sastre.
Nada coqueto o excesivamente femenino, pero a ella le sentaba bien.

Finjiendo ~NaruSaku ~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora