Once

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—¿Cómo es que Lee y tú se hicieron amigos? —preguntó ella.
—¿De verdad quieres saberlo?
—Sí, me gustaría.

—Lee les entró con mal pie a unos cuantos tipos —explicó Naruto,
encogiéndose de hombros—Cuando lo amenazaron con darle una lección, yo les dejé claro que primero tendrían que vérselas conmigo.

—¡Qué horror!
—¿Demasiado fuerte para ti?
—Me cuesta imaginar a Lee en ese tipo de situación —confesó ella, tragando— Y los dos eran tan jóvenes... No es justo, tú eras inocente.

—Escucha, yo no era ningún angelito. Pero tampoco robé nada.
—Entonces, ¿qué ocurrió? —siguió preguntando Sakura.
—Un amigo... una persona en la que confiaba... me consiguió un trabajo. Tenía que conducir un camión y cruzar la frontera entre estados. Yo era joven e ingenuo, y no le pregunté qué había en el camión.

—Es comprensible.
—El juez no pensó lo mismo. Resultó que eran equipos de alta tecnología robados.
—Pero luego te declararon inocente.
—Sí, salí —asintió Naruto.
—Es injusto.
—La vida no siempre es justa.

Sakura apartó la vista de sus ojos experimentados y sagaces. Él había
confiado en ella, era extraño. Hasta ese momento no habían mantenido nunca
ninguna conversación seria.

Buscando otro tema del que hablar, Sakura vio el vaso de plástico sobre
la mesilla. El hielo se había derretido. De pronto comprendió que seguía donde ella lo había dejado, fuera del alcance de Naruto. Él no podía mover los
brazos, pero tampoco le había pedido ayuda. Y ella no se la había ofrecido.

Naruto debía detestar su situación. Samura trató de hacerse a la idea. No podía abandonarlo. La enfermera entró con una bandeja de comida.
—Señora Uzumaki, todos nos alegramos mucho de ver a su marido recuperarse.

—Por favor, llámame Sakura —contestó ella, ruborizándose ante la
sonrisa burlona de Naruto.
—Muy bien, Sakura —dijo la enfermera, dejando la bandeja en una mesa con ruedas—Naruto necesita ayuda para comer.

Evidentemente, esperaba que Sakura le diera la comida. Nada más marcharse la enfermera, Sakura abrió las tapas de los tarros para ver qué había.

—Pollo. Y té de Lime Jell-O.
—¿De lima?
—Sí, de hierbas —explicó Sakura, llenando una cucharada y
llevándosela a Naruto a la boca.

Jamás había estado tan cerca de él. La brecha de la frente estaba vendada, pero lo tenía todo rojo e hinchado. Tenía barba de varios días, espesa
y rubia. Y mala cara. Parecía cansado después de sólo unas cucharadas. Naruto tosió y se puso gris.

Una vez comenzó de nuevo a respirar con normalidad, Sakura siguió dándole de comer.
—¿Un poco de Jell-O?
Antes de que él pudiera objetar nada, Sakura le alcanzó la cuchara. Y lo
obligó a beber y guardar silencio.

Sí, eso era interesante. Consciente de su creciente impaciencia, Sakura continuó dándole té. Él la miraba de mal humor. Abrió la boca, y tragó.
—Ya basta —dijo Naruto al fin con voz ronca, cerrando la boca.

Naruto observó que Sakura alzaba la barbilla resuelta y esbozaba una expresión orgullosa que él comenzaba a reconocer. Como por un acto reflejo, ella lo desafió:

—Sólo una más.
—Ya está —declaró Naruto con más dureza de la que hubiera deseado.
La mano de Sakura temblaba. Los dos observaron cómo la última cucharada de té acabó sobre el pecho de Naruto.

—¡Vaya, ahora sí que la has hecho buena! —dijo ella.
—La culpa es tuya —contestó él de mal humor.
—Eres muy mal paciente —añadió ella, tratando de bromear.

—Pues entonces ya somos dos, porque tú eres un desastre como
enfermera.
—Hago lo que puedo —dijo ella.
—No, lo haces bien —rectificó él al verla rendirse. Si eso era un halago, dejaba mucho que desear. Sin embargo a Sakura le bastó. ¿Tan desesperada estaba por ganarse su aprobación?

Sakura alcanzó una servilleta y restregó la mancha. No llegaba, así que se sentó al borde de la cama y se inclinó sobre él. La cama era increíblemente estrecha.

—Creo que no se puede hacer más —suspiró ella—Aquí tienes otra
mancha...
Sakura le limpió la boca. Él gruñó. Ella alzó la vista hacia él.
—¿Te he hecho daño? Lo siento.
—No es nada.

Naruto torció la boca, tratando de ocultar su respuesta física. Por dentro maldecía su mala suerte. Ahí estaba, con Sakura Haruno en la cama en medio
de su fantasía más erótica, y no podía hacer absolutamente nada.

Tenía las manos atadas. Literalmente. Naruto contempló sus labios rosados y sintió su aliento mezclarse con el de él. Notaba su suave perfume a pesar del olor del antiséptico. Naruto alzó la vista a sus ojos y vio su confusión.

Ah, así que ella también lo notaba. La atracción.
Era cruda, potente, innegable. Dulce y tentadora. Y muy inconveniente, sobre todo eso. Los ojos de Sakura se oscurecieron. Ella sacudió la cabeza... como si estuviera mareada.

Sentía sus pechos sobre el torso al estar ella inclinada. ¿Era el corazón de Sakura el que latía erráticamente, o el suyo? Naruto jamás sabría la respuesta ni
sabría qué habría podido ocurrir entre los dos, porque en ese momento entró Neji Hyuuga en la habitación.

—¡Sakura!
Una palabra de Neji bastó para que ella se apartara alterada.
—Me dijeron que estarías aquí —añadió Neji.
—Neji —dijo Sakura, tirándose del jersey como si ocultara algo.

Naruto no sabía cuánto tiempo llevaba Neji en el umbral de la puerta, pero sospechaba que el suficiente como para hacerse una idea errónea.

Neji los miraba con suspicacia. Pero por íntima que pudiera parecer la situación, Sakura no corría ningún peligro de perder el corazón por Naruto. Quizá sintiera lástima
por él, pero eso era todo.

Naruto había conocido antes a muchas chicas como ella: chicas «bien», empeñadas en reformar a pobres desgraciados. Pero con él no iba a darle resultado.

—Parece que te peleaste con el vehículo de patines y perdiste la partida —lo saludó Neji.
—Bueno, deberías ver cómo quedó él —contestó Naruto.

Neji se acercó a Sakura con un gesto claramente posesivo. Sakura
consciente de la cínica mirada de Naruto, apartó la cara. El beso de Neji aterrizó
en su mejilla.

Sakura se ruborizó. No comprendía por qué el confiado aire de censura de Neji debía hacerla sentirse violenta. Culpable. Neji no tenía ningún derecho sobre ella.

Ningún hombre lo tenía. Había llegado la hora de poner fin a la situación.
—Neji, creo que deberíamos marcharnos. Naruto debe estar cansado. Ah, lo olvidaba... el hielo picado.

—Déjalo, Ino me lo traerá —contestó Naruto.
—¿Ino? —preguntó Sakura.
—Mi enfermera —respondió Naruto, sonriendo maliciosamente.

Sakura no supo interpretar esa sonrisa. ¿Acaso creía Naruto que estaba celosa? Había notado cómo lo miraban las enfermeras. Algunas eran jóvenes y atractivas.

—Que lo pasen bien —añadió Naruto.
Por fin, podía marcharse. Pero, entonces, ¿por qué sentía como si un ancla tirara de ella y le pesara?, ¿por qué tenía tantas ganas de ver cómo era esa tal Ino?

¿Cómo diablos se había complicado tanto su vida? De pronto ni siquiera estaba segura de lo que sentía. Si estaba enamorada de Neji, ¿no hubiera debido saberlo? Se sentía atraída hacia Naruto. Físicamente. Él la asustaba con su urgente necesidad emocional y física.

¿Debía el amor embargarla, consumirla por entero, debía arder de deseo? ¿O era el amor más bien una llama estable y segura que seguía calentando una vez apagadas las chispas del capricho pasajero?

Sakura recogió su abrigo mientras Neji y Naruto se despedían. No podía
haber dos hombres más opuestos. Neji era la seguridad, Naruto era lo desconocido. Neji tenía prisa por marcharse, Naruto no iba a ninguna parte.

Neji la tomó de la mano y salió al pasillo.
—Pareces cansada —dijo él.
Aún sin uniforme, Neji inspiraba respeto. Era una persona sólida,
respetable, con autoridad.Reconfortante.
¿Por qué la vida no podía ser más sencilla?
¿Por qué no podía amar a Neji? Le tentaba apoyarse en él, pero no lo hizo.

—Esta tarde me he registrado en un hotel, pero no he podido descansar —contestó ella.
—Yo también voy a pedir una habitación. Podemos cenar pronto. Me
gustaría levantarme temprano mañana por la mañana.

Nei suponía que ella se doblegaría a sus planes. Y por lo general así
era, pero esa vez Sakura se resistió.

—En realidad yo había pensado quedarme aquí unos días para asegurarme de que Naruto está bien.
Neji sonrió tenso, pero no discutió.

—Bueno, puedo esperar.
Sakura suspiró. La paciencia de Neji era infinita.
Llevaba seis años esperándola.

Finjiendo ~NaruSaku ~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora