Diescisiete

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Naruto siguió de mal humor unos días más, así que Sakura decidió que
necesitaba entretenerse. Le compró un cactus lleno de pinchos y lo dejó en el dintel de la ventana para que le diera la luz.

—¿Eso es una indirecta? —preguntó Naruto.
—Pensé que te alegraría un poco. También te he comprado algo de ropa, ahora que te sientas todos los días.
Sakura le había comprado una bata de color naranja, pijamas y zapatillas. Naruto sólo necesitaba una zapatilla.

—He tenido que adivinar tu talla —añadió ella, probándole la zapatilla.
—Gracias, pero no tenías por qué hacerlo —contestó Naruto, poco
acostumbrado a recibir regalos.

—Quería hacerlo —insistió ella—¿Necesitas algo más?
—Cuando llegué aquí llevaba un reloj, pero no he vuelto a verlo. Ni mi
cartera.

—Ah, perdona, me lo dio la enfermera al ingresarte. Lo había olvidado —contestó Sakura, sacando el sobre marrón del bolsillo del abrigo.
Naruto sacó las cosas del sobre: una cartera, un reloj, una brújula y una
cadena con una medalla  y un anillo. Había sido camionero.

Naruto contempló la cadena vacilando, y finalmente sacó el anillo. Tomó la mano izquierda de Sakura y le puso el anillo en el dedo anular antes de que ella pudiera protestar.
—Si vamos a fingir que estamos casados, ésto no te vendrá mal. Era el
anillo de mi abuela, la única familia que he tenido.

Sakura contempló el anillo de oro con un pequeño diamante con los ojos llenos de lágrimas.
—No puedo llevar esto —dijo ella, tratando de quitárselo.
—¿Por qué no? Ya sé que no es muy valioso, pero...

—¡No es por eso! —exclamó ella, interrumpiéndolo, molesta ante el hecho de que la hubiera malinterpretado— Es evidente que este anillo es muy valioso para ti. Tu abuela debía quererte mucho. Deberías guardarlo para dárselo a alguien a quien ames, alguien especial que signifique tanto para ti
como este anillo.

—Tú me has salvado la vida —contestó Naruto, negándose a que ella se lo devolviera—Para mí eso significa que tú eres especial —añadió, sonriendo— Pero no creas que es nada personal.

Sus miradas se encontraron. Ambos la sostuvieron.
—No —dijo ella.

La sonrisa de Naruto la mareaba. Sakura se preguntó cómo conseguiría mantenerse alejada sentimentalmente de él durante su recuperación. Porque no tenía intención de enamorarse de Naruto. El riesgo de salir malparada era
demasiado grande, y estaba casi garantizado.

Además, de hecho llevaba a su lado ya más de lo que esperaba. Los dos apartaron la vista. El instante fue tenso. Naruto observó el cactus y se echó a reír.

—Jamás nadie me había regalado una planta, no tengo ni idea de cómo
cuidarla.
—Trae instrucciones —dijo ella— Y me han garantizado que florecerá.

Naruto no podía ignorar la planta. Tenía pinchos para que nadie se acercara demasiado. Era una planta fea. Se la había regalado Sakura. Pero, ¿y qué? No iba a ponerse sentimental sólo por una planta. Ni por Sakura Haruno.

Si algo había aprendido en la vida, era que todo podía cambiar en un
instante. El accidente había puesto en peligro su vida. Y su corazón.Por mucho que quisiera negar la atracción surgida entre los dos, estaba ahí. Y no podía hacer nada.

Por primera vez en la vida tenía que depender de la amabilidad de los
demás. Una amabilidad que jamás había creído que existiera. Pero Sakura sí era amable. Era generosa y compasiva.

Y si no tenía cuidado, acabaría confundiendo eso con otra cosa. Tenía que recuperarse cuanto antes.
—¿Cuánto tiempo llevo aquí?
—Dos semanas.

Parecía una eternidad.
Pasó otra semana. Y otra. Antes del accidente, Naruto estaba en forma. Eso aceleró su recuperación. La costilla rota se curó en cuatro semanas, el brazo en cinco y la pierna en
seis.

Cada una de esas recuperaciones marcó un hito en su camino hacia la libertad de movimientos, pero quitarle la escayola de la pierna izquierda era
un paso fundamental.

Cuando por fin llegó el día en que se la quitaron, Naruto observó su pierna. Tenía la piel muy blanca y arrugada, cruzada por una fea cicatriz roja. Pero Naruto no hizo caso, era un momento para celebrar.

Finjiendo ~NaruSaku ~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora