Veinticuatro

639 66 5
                                        

Naruto no podía seguir esa conversación delante de tanta gente.
—Es tarde, ¿cómo vas a volver al hotel?
Sakura se extrañó. Con razón. Era la primera vez que él se molestaba en
preguntarle cómo se las apañaba.
—Por lo general vuelvo al hotel andando.

—¿Es seguro?
—Está a sólo unos minutos, y las calles están bien iluminadas —suspiró ella.
—Si tú lo dices... Haz el favor de llamarme cuando llegues —pidió Naruto.

—¡Pero Naruto, eso es ridículo! No soy una niña, sé cuidar de mí misma.
—Entonces compláceme —dijo Naruto secamente.
—Hablas exactamente igual que mi madre —sonrió Sakura.

Naruto sospechó que eso no era un cumplido. De pronto los ojos de Sakura se iluminaron. Él no identificó ese brillo como un desafío hasta que no fue demasiado tarde. Sakura lo besó otra vez.

—¡Maldita sea, Sakura, acabamos de...!
—Lo sé, pero eres tú el que se ha inventado las reglas, ¿recuerdas? Y no sé si lo has notado, pero ahora tenemos audiencia —explicó Sakura con un brillo de triunfo en la mirada.

Sakura volvió a besarlo y se marchó. Él se quedó musitando algo. La euforia de Sakura por su pequeña rebelión duró hasta el momento de
llegar al hotel. Naruto y ella habían discutido, pero al menos se comunicaban. Nada más llegar, lo llamó por teléfono.

—Llamo para darte las buenas noches.
—Me alegro de que me hayas llamado —contestó él con una voz
masculina y profunda—. Lamento lo de antes.
—¿No lo decías en serio? —preguntó Sakura, sonriendo sorprendida ante una disculpa que no esperaba.

—Sí, pero no debí desquitarme contigo.
—No importa, lo comprendo —contestó Sakura, colgando. En realidad no lo comprendía. ¿Cómo podía nadie adivinar lo que pensaba Naruto?

Aparte de dar rienda suelta a su mal humor, el resto del tiempo se mostraba inmutable, raramente compartía algo con ella. Sakura volvió a descolgar el teléfono para llamar a sus padres.

—Hola, mamá.
Hubo una pausa tensa.
—¡Sakura!, cuánto me alegro de que llames. Hacía mucho tiempo que no hablábamos.
El tono de censura era evidente. Sakura suspiró.

Había defraudado a su
madre. Ella quería que se casara bien, pero hasta ese momento Sakura había sorteado sus trampas. Luego se había rebelado y se había marchado a Los Harunos, lejos del círculo social de su madre.

Y de pronto no sabía cómo cruzar la distancia que las separaba.
—Quería llamarte, pero...
—Ojalá lo hubieras hecho —la interrumpió su madre— Imagínate mi sorpresa cuando una amiga me llamó para darme la enhorabuena por tu boda.

Dijo que lo había leído en los periódicos. Yo le dije que tenía que ser un error, naturalmente —continuó su madre—Porque lo es, ¿verdad?
—Jamás me casaría sin decírtelo antes.

—Bien, me alegro, pero, ¿cómo iba yo a saberlo? Lee se fue, y ahora
tú estás con ese hombre... Creía conocerte, pero ya no estoy segura.
—Puedo explicártelo... si quieres —dijo Sakura.

Sakura le explicó lo sucedido con la mayor sencillez. Su madre escuchó y luego dijo:
—Sabía que marcharte a Los Harunos no era buena idea. Yo sólo quiero que seas feliz y que no te entierres en un pequeño pueblo como hice yo.

—Creía que papá y tú eran felices en Los Harunos —contestó Sakura, sorprendida ante aquella revelación.
—Lo éramos... lo somos... pero yo quiero algo más para ti. Y ahora que te has atado a esa persona...

—Naruto —dijo Sakura—Se llama Naruto.
—Es un error, Sakura. Se llame como se llame, eso no importa.
—Sí importa —negó Sakura—¿Quieres conocerlo?

—Si insistes en seguir adelante con la farsa... De todos modos ya es
hora de que nos veamos y tengamos una larga charla.

Sakura conocía bien esas charlas.
—¿Quieres que vaya a verte?
—No, iré yo —negó su madre—. Tu padre está de viaje.

Naruto yacía despierto, recordando cada palabra de la conversación con
Sakura. ¿Se hacía ella una idea de lo que estaba pasando? Aparte de ciertos pinchazos de vez en cuando, apenas sentía la pierna. Eso lo aterraba... cuando
se permitía pensar en ello.

No lo había hablado con Sakura. No quería
preocuparla. Era increíble cómo había aprendido ella a adivinar qué le pasaba. De pronto sonó una voz joven al otro lado del pasillo:

—Buenas noches, Naruto.
—Buenas noches, Konohamaru.
Era irónico que fuera ese chico quien mejor supiera lo que estaba
pasando. Se oyeron otras voces de otros pacientes.

Finalmente se hizo el
silencio, y Naruto se quedó solo de verdad. Temía la noche. Siempre tenía la misma pesadilla. Estaba atrapado. Cuando trataba de ponerse en pie, sus piernas se desvanecían. Era duro ir de visita a la unidad de rehabilitación día tras día.

Al principio Sakura se había compadecido de Naruto y de los demás pacientes, pero con el tiempo había llegado a sentir admiración por su coraje. La adversidad
sacaba lo mejor de las personas. De los fisioterapeutas, sensibles a la situación de sus pacientes, que no se rendían.

De los pacientes, que se alentaban los unos a los otros, y de las familias que los apoyaban. Los detalles se iban sumando. Una sonrisa, una palmadita en la espalda, una palabra de aliento, un hombro sobre el que llorar... todo eso formaba parte de la rehabilitación, del mundo en el que habitaba Natuto, aunque no por elección.

Un mundo que ella había decidido compartir. Sakura se presentó en el gimnasio. Naruto estaba aprendiendo a usar las
muletas.
—Llegas justo a tiempo para verme caer de bruces —sonrió él,
suspicaz.
—Estoy ansiosa por verlo.
—¡Vaya! —rió Naruto.

—¡Hola, Sakura, mírame! —exclamó Konohamaru, enseñándole cómo usaba las muletas.
—Muy bien, eso ha estado genial —contestó Sakura, sonriendo.

—Bien, Konohamaru, otra vez —ordenó la fisioterapeuta.
—A ver tú —dijo Tsunade en dirección a Naruto—Sakura, tú quédate con él.
—¿Y si se cae? —preguntó ella.

—La colchoneta es gruesa, no se hará daño.
Sólo en su orgullo.
Cada vez que se caía, Naruto se levantaba y comenzaba de nuevo. Estuvo así media hora. A la cuarta, Sakura sintió deseos de gritar, pero se reprimió. No podía mostrar debilidad.

Cuando finalmente Naruto se tomó un descanso, ella respiró aliviada.
—¿Estás bien? —preguntó Naruto.
—¿No debería ser yo la que te preguntara eso? —respondió Sakura con
otra pregunta.

—Yo tengo que estar aquí, pero tú puedes elegir.
Sakura miró a Naruto a esos ojos celestes, de expresión agridulce y se
preguntó si de verdad tenía elección. Estaba exactamente donde quería estar. 

Finjiendo ~NaruSaku ~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora