Algunos milagros ocurrían de la noche a la mañana. Otros tardaban más. Sakura tardó menos de media hora en darse cuenta de que Naruto no estaba realmente hecho para el bingo. Estaba nervioso. De mal humor. Típico de Naruto. Pero ella se estaba divirtiendo.
La sala de recreo era grande, estaba abarrotada de sofás, mesas y sillas. Konohamaru se acercó inmediatamente a Naruto.
Encontraron una mesa. Una señora mayor, Delia, se sentó con ellos. Iban por el tercer cartón cuando Konohamaru gritó:
—¡Naruto, has ganado!
—¿Sí? —preguntó Naruto, bajando la vista a su cartón.
Sakura comprobó los números ganadores anotados en la pizarra y marcó en rojo la línea que Naruto había completado.
—Acaban de decir el sesenta y tr... —dijo Sakura.
Al notar que Naruto se movía bruscamente, la voz de Sakura se desvaneció. Él rozó su pecho con el hombro. Al sentir el contacto, él alzó los ojos. Los tenía oscurecidos. Estaban casi nariz con nariz, boca con boca. Él bajó la vista
a sus labios. Sakura contuvo el aliento.
—¿Tenemos un ganador? —preguntó el hombre que cantaba los
números, obligándolos a separarse.
—Algunos tienen mucha suerte —comentó Konohamaru, mirando su cartón.
—Tranquilo, Konohamaru, es la suerte del principiante. Ya te tocará a ti —lo
animó Delia.
—Tienes que elegir premio, Naruto —dijo Konohamaru.
Podía elegir entre un frasco de sales de baño, loción de afeitar, o un
juego de bolígrafos.
Naruto eligió las sales de baño. Y la gente se burló. Naruto le ofreció el frasco a Sakura con el rostro todo colorado.
—Ya sé que no es nada para lo que estás acostumbrada, pero... —dijo Naruto.
Sakura agarró el frasco y su pequeña victoria. Había sacado a Naruto de su soledad. Aquel bingo no era un éxito deslumbrante, pero tampoco un fracaso.
—¡Es precioso!
—Un gesto encantador —asintió Delia, quitándole las palabras de la boca.
Naruto se encogió de hombros. Sin duda nadie nunca había dicho algo así acerca de él. Quizá Naruto Uzumaki no fuera un tipo tan duro.
Quizá su armadura exterior se estuviera resquebrajado. Con audiencia o sin ella, Sakura respiró hondo, se inclinó sobre Naruto y lo besó.
¿No era lo que se esperaba de una esposa al recibir un regalo? Para su sorpresa, Naruto le devolvió el beso. La cálida presión, la suave exploración la confundió.
Sakura se apartó reacia, desviando la vista para que Naruto no viera
sus ojos llenos de deseo. Los altibajos de su relación resultaban imposibles de predecir e interpretar.
¿Qué importaba si Naruto se mostraba dulce o duro? Era algo temporal. Y sería una estupidez pretender otra cosa. En un momento dado, fue imposible evitar la pregunta de Delia:
—¿Tú por qué estás aquí?
—Por un accidente cortando leña.
—Ya, yo estoy aquí por la artritis —asintió Delia—Cualquier día me
marcharé a casa. ¿Y tú, Konohamaru?
—Choqué con una valla de piedra mientras bajaba una pendiente de nieve —contestó el adolescente, sacudiendo la cabeza como si no pudiera creerlo—Me salí en una curva y sufrí una contusión en la cabeza. Mi madre ha estado
conmigo unos días.
—Puede que la conozca. ¿Le gusta hacer punto?
—¡Sí, es ella! —contestó Konohamaru.
—Hace tiempo que no la veo —añadió Sakura.
—Se tuvo que ir a casa, estuvo conmigo dos semanas. Papá pidió
vacaciones para quedarse en casa y cuidar de mis hermanos, pero tuvo que volver al trabajo. ¡La he hecho buena! —se lamentó Konohamaru.
—Tú no tienes la culpa —lo consoló Sakura—Y seguro que tus padres
piensan lo mismo.
—Les he defraudado —continuó el chico—A ellos, y a mis profesores. Al principio ni siquiera me acordaba de mi nombre, y aún tengo que aprender a vestirme solo y a andar. Iban a darme una beca por buen deportista, pero ahora tendré que conformarme con no perder curso.
—Escucha, chico —intervino Naruto—A pesar de que todo se haya complicado, tú no tienes la culpa. A veces las cosas salen mal, y nadie sabe por qué. Por eso lo llaman accidente. Pero no mires atrás, concéntrate en lo
que debes hacer, que es salir de aquí. Lo conseguirás.
—Sí —sonrió Konohamaru.
Sakura se sintió conmovida ante aquella charla y ante la tenacidad que demostraban las palabras de Naruto. Los ojos de Konohamaru se habían iluminado de esperanza, y había sido Naruto quien la había puesto allí.
La cuestión era hasta qué punto se recuperarían. ¿Cuánto coraje, cuánta
conformidad haría falta para volver a llevar una vida plena otra vez? ¿y hasta qué punto esa vida sería normal?
Más aún, ¿qué ocurriría si la meta era físicamente inalcanzable? Sakura no quería pensar en esa posibilidad.
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Finjiendo ~NaruSaku ~
FanfictionAquel matrimonio era una farsa... pero parecía demasiado real. Cuando un terrible accidente llevó a Naruto Uzumaki al hospital, Sakura fingió ser su esposa sólo para cumplir con la promesa que le había hecho. Naruto la necesitaba y ella había deci...
