Veintitres

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Naruto volvió a ganar al bingo. Y esa vez eligió la loción de afeitar. Sakura no ganó nada. El juego terminó. Sakura llevó a Naruto de vuelta a su habitación. Allí todos se acostaban pronto, todo se hacía según un horario estricto.

Estaba deseando que ella se marchara. Luchaba en dos frentes: el físico, y el emocional. Se sentía atado a Sakura. Su corazón estaba en peligro. El matrimonio era una farsa, pero la atracción era innegable.

En ciertos momentos, la idea de tener una esposa llegaba incluso a resultarle
irresistiblemente atractiva. Sakura hacía más soportable su vida, aliviaba su soledad y su dolor. Pero él no tenía nada que ofrecerle. Sin embargo la deseaba.

La había deseado desde el primer momento, nada más posar los ojos en ella en el viejo aserradero. Elegante y culta, ella era como una rosa en medio de otras flores más vulgares.

Sakura había sido siempre para él una tentación, pero la presencia de Neji le había parado los pies. Pero eso había terminado. Lo malo era que recuperarse significaba perderla.

—¿Te ayudo a meterte en la cama? —preguntó Sakura.
—No, ya vendrá la enfermera —contestó él, quitándose el jersey por
encima de la cabeza.
Inconsciente por completo de los pensamientos de Naruto, Sakurq alargó una mano para alisarle el cabello.

—Te hace falta un corte de pelo —comentó, peinándolo con los dedos. Naruto agarró su muñeca y le apartó la mano.

Sus ojos se habían
oscurecido cuando la miró, diciendo:
—Te lo advierto, Sakura. Puede que esté en una silla de ruedas, pero no
soy un eunuco. No juegues conmigo. No me acaricies el pelo si no pretendes llegar mucho más lejos.

—¡Ah! —respondió ella, ruborizándose.
—Exacto.
—No sé si debería sentirme halagada u ofendida —añadió ella.
—Pues mientras lo piensas, aparta la mano, ¿de acuerdo?

¿Era una amenaza, o una promesa?
—¿Seguro que es necesario?
—Regla número uno: nada de demostraciones de afecto cuando estamos solos —dictó Naruto.
—¿No te parece un poco... exagerado? Quiero decir...

—¿De acuerdo, o no? —insistió él, tenso. Sakura asintió. Él hablaba en serio.
—Claro que estoy de acuerdo.
Para alivio de Sakura, Naruto pareció relajarse. Él la deseaba, comprendió. Era evidente.

Durante las últimas semanas había sentido la atracción sexual surgir entre los dos de vez en cuando, pero no había hecho caso.

De pronto era una realidad innegable. Podían controlarla, pero estaba en los ojos de Naruto.
Naruto lamentó haber iniciado la conversación. Sus defensas emocionales
menguaban día a día.

Ella había adquirido la costumbre de tocarlo. Era algo espontáneo, Sakura no tenía ninguna intención sexual pero, superada la crisis física, su cuerpo reaccionaba con un deseo que sólo ella podía aliviar. Tenía
que detenerlo antes de que la situación se le fuera de las manos.

—Entonces estamos de acuerdo en evitar muestras de afecto.
—Si es lo que quieres... —contestó ella, ruborizándose.

—Sí, es lo que quiero.
Naruto era un mentiroso.
—Pongamos las cosas en claro —continuó él—No estamos casados. No soy tuyo, no puedes tocarme y abrazarme cada vez que te apetece.

—No sabía que fuera eso lo que estuviera haciendo —contestó Sakura sorprendida.
—Lo haces todo el tiempo, y los dos sabemos por qué.
—No sé a qué te refieres.

—Crees que estás a salvo, que conmigo no corres ningún peligro, que
soy un inútil —explicó Naruto, dando un puñetazo en el brazo de la silla de ruedas y añadiendo— te crees a salvo porque no puedo salir de esta maldita
silla.

—Eso no es cierto, me preocupo por ti.
—No digas eso.
—¿Aunque sea cierto? —preguntó Sakura.
—Lo que sientes por mí es pena —objetó él.

—Por favor, no me digas lo que siento —respondió Sakura, recogiendo su abrigo—Puedes estar tranquilo, estás perfectamente a salvo de mí.

Sakura se dio la vuelta y echó a caminar hacia la puerta con la cabeza
bien alta. Pero Naruto seguía sin sentirse a salvo. ¿Por qué?, ¿por qué no podía dejarla marchar?

Naruto apretó los dientes y la siguió al pasillo, llamándola:
—¡Sakura!
Unas cuantas cabezas se asomaron por las puertas de las habitaciones vecinas. Sakura se dio la vuelta.
—¿Sí?, ¿qué quieres?

Finjiendo ~NaruSaku ~Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora