Corro sin parar, todo lo que mis tacones me permiten, y llego hasta la piscina. Subo hasta el solárium y me asomo a la terraza de babor del barco. Me recuerdo a mí misma a Rose, de Titanic. Rose también acabó agobiada en la cena y tuvo que venir aquí, aunque, a diferencia de ella, yo no estoy tan loca como para tirarme al agua.
¿Qué mierda acabo de hacer? Comparar mi vida con una película antigua sólo puede ser culpa de pasar mucho tiempo con Ivan. Me ha afectado más de lo que creía y más de lo que debería haber permitido.
Ya me lo advirtió la gitana, Iria. Recuerdo las cartas a las que les di la vuelta. Una de ellas era un diablo e Iria me dijo que sería infiel. En su momento le dije que no lo haría ni loca, pero al final acabé haciéndolo. También le di la vuelta a la carta de la muerte y ella me dijo que iba a vivir el viaje de mi vida, el que me cambiaría. Y vaya si lo ha hecho. Me he dado cuenta de que no estoy enamorada de Jaime, sino de Ivan, de que Ivan es un mentiroso y de que por mucho que me empeñe en que mi madre sólo quiere que siga sus pasos, lo que en realidad busca es lo mejor para mí.
El viento que corre me despeina algo el recogido, pero no me importa. Lo que quiero es volver a mi camarote y meterme en la cama.
—No deberías estar aquí: hace un poco de frío.
Ivan aparece por el otro lado del solárium con las manos en los bolsillos de los pantalones de su traje de chaqueta. La corbata turquesa le queda preciosa en contraste con su piel morena, pero no se lo pienso decir.
—Y tú no deberías haberme seguido. ¿No está mal visto que el hijo del jefe abandone la mesa sin probar el postre?
Ivan suelta una risita y sigue acercándose hasta quedar a unos centímetros de mí. Al contrario que yo que estoy apoyada con la espalda en la barandilla, Ivan apoya los codos y mira hacia el agua.
—Me encanta el agua por la noche.
No contesto. Me doy la vuelta y lo imito para mirar el agua. A mí también me gusta. Me impresiona un montón no ser capaz de ver nada por la oscuridad. Es como si estuviéramos navegando en mitad de la nada, en una oscuridad interminable. Ni siquiera se ven luces a lo lejos.
—Soy un dejado en los estudios —empieza a explicar—. Siempre me he negado a estudiar no porque no se me dé bien, sino porque no me apetecía estudiar. Pensaba que tenía suficiente dinero gracias a mi padre como para tener que estudiar una carrera de mierda. Cuando lo mío con Anna terminó le dije a mi madre que cuando acabara el instituto me iba a ir a recorrer el mundo. Quería irme a Hawái y pasarme la vida surfeando. No quería trabajar ni estudiar en la universidad.
Hace una pausa y yo aprovecho para intervenir.
—No te he pedido que me des explicaciones.
Ivan extiende una mano en mi dirección dándome a entender que me da a dar sus explicaciones las quiera o no. Abro la boca para añadir algo más, pero el moreno se me adelanta.
—Mi madre no me dijo nada como respuesta, pero esa misma noche le mandó un email a mi padre pidiéndole que fuera a Barcelona para hablar con ella y conmigo, que me negaba a entrar en ninguna universidad. Mi padre al día siguiente ya estaba en Barcelona. La separación de mis padres no fue dura, simplemente se separaron, pero nunca dejaron de hablar. Para mi educación fue lo mejor, en eso estoy de acuerdo.
Se desabrocha el botón de la chaqueta para estar más cómodo.
—Mi padre dijo que si me negaba a estudiar me enviaría a trabajar, que no me iba a dejar vivir la vida como quisiera, que él había trabajado para que tuviese la vida que tenía, casi sin complicaciones económicas, que algún día su empresa sería mía y no me consideraría su hijo si me iba a vivir la vida a Hawái. Me enfadé con él muchísimo. Me acuerdo que mi padre se tiró cerca de un mes viviendo en un hotel de Barcelona para vigilarme de cerca e incordiarme en cuanto a estudios. Yo no quería ni hablarle. Conseguí acabar el instituto y empecé a salir de fiesta, a emborracharme y no importarme una mierda los exámenes para entrar en la universidad como hacían la mayoría de los de mi clase, como hacía Anna.
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El amor no existe hasta que llega
Novela Juvenil¿Quién no ha soñado con un amor de verano? Todo el mundo lo ha hecho. Para Ángela, por algunos conocida como la hija de Dani y Elena de Cartas para Irene, los amores de verano no existen. Ángela no cree en los amores de verano porque lleva toda la...