Actualidad
Narrador
El día de ayer, Damián despertó con la noticia de que Evy se había ido de la casa. Dejó una nota con un simple "gracias por todo", la caja fuerte abierta sin sus documentos y un maletín con lo adeudado. Desde que vio aquella cantidad, no ha tenido paz.
Si Susan Cass viviera, diría que ella se lo proporcionó, pero, como no es así, solo le quedan Jason Frederick y los Cass. Cualquiera de ellos es un peligro potencial para él.
—No ha salido del país —intenta calmarlo la voz del otro lado—. No hay reporte de su llegada a Berlín.
—¿Te imaginas lo que te pasará si lo hace? —lo reta—. ¿Lo que haré con tu maldito cuerpo si pisa suelo alemán?
—No fui yo quien la acorraló —responde la voz del otro lado—, ni el que insistió en dejarla viva.
No pudo hacerlo.
Le bastó ver en ese rostro el de su amada Amelia para no seguir con su plan y quererla cerca, como no pudo tener a su madre.
—Encuéntrala antes de que Frederick lo haga...
Entra a su lugar de trabajo, su medio de vida y su vida misma, dejando a la persona al otro lado de la línea con la palabra en la boca. Tiene vigilado a Klein y sus avances, pero no a ese hombre, y ese sí que es una amenaza.
Frederick entró al apartamento de Susan; lo sabe por la nota que dejó. Por ende, leyó la investigación que llevaba la teniente Cass. No se han visto desde que ella tenía quince años. La carpeta solo tenía nombres, sin apellidos. Le sería difícil al marine asociarlos con alguien en particular.
Eso podría cambiar si su investigación lo llevaba a la chiquilla que Susan había adoptado como una hermana. El odio creciente entre ambos hombres le ha ayudado a que no intercambien información.
Su buena suerte podría cambiar.
Lo que hizo va más allá de asesinar por una herencia (contaba con más dinero que su hermano); se trataba del trabajo de toda su vida, su prestigio. No podría, por más que quisiera, asesinar a todos los testigos y destruir las pruebas.
Le cuesta admitirlo, pero le tiene cariño a un par de ellas. Susan jamás debió investigar la muerte de los padres de Evy ni llegar tan lejos en la historia de los Klein. ¿Qué tanta información compartió con Frederick? Es posible que poca; de lo contrario, estaría en líos legales.
—¿Qué tienes? —le pregunta a su socio al entrar al laboratorio.
Si se deja guiar por el rostro del hombre, son malas noticias. No han tenido éxito con los embriones, Frederick Cass, y eso le está generando gastos.
—Me temo que hay que afrontar la demanda.
—No sabes lo que dices —comenta, haciéndolo a un lado—. Nuestro suicidio sería mejor. ¿Qué hay de nuestro plan B?
—Esto es peligroso... Tu hijo y tu esposa están a cargo.
—¿Qué hay? —insiste en saber—. Una desconocida para ti y para mí.
—Que decidiste dejar en manos de Silke y tu hijo —le recuerda—. Quiero advertirte que fue tu decisión y tu obra...
Se lo narró después de hacer la inseminación; hacerlo antes habría implicado que se negara a efectuarla. No tuvo otra opción; era eso o afrontar la ruina, y ha gastado demasiado dinero y vidas para acabar de esa manera.
—La mujer es europea, y la madre de Susan lo era. Rubia, de ojos claros —recuerda la foto que hay en el estudio y sonríe—. Los Frederick D'Angelo tienen una mezcla extraña de razas...
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INEFABLE
RomanceLibro IV Saga Frederick Jasón Frederick Jr. solo quería cumplir la última voluntad de Susan, su mejor amiga: tener un hijo y enseñarle que pudo contar con la mejor de las madres, pero que la ignorancia se lo impidió. Una vez que lo logra, contrata...
