El grito de terror de Evy me hizo dejar mi equipaje y correr al interior de la casa. La conmoción que causó la forma en que estaba su pie solo fue superada al verla llorar, llamando a Sebastián. Ver a mi hijo inconsciente, a Evy y Susan dando gritos, fue horroroso.
—No convulsionó, y el desmayo fue solo por segundos —detalla Gregory, y asiento, distraído, caminando de un lado a otro—. Los exámenes mostrarán que todo está bien —se detiene en mi camino, evitando que dé otro paso—. No va a pasarle nada; tuve golpes más fuertes.
—Espero que sí...
—Ella no tiene la culpa —señala—. Las cámaras de seguridad lo muestran claro.
He repetido el video del incidente muchas veces, no solo en mi móvil, también en mi cabeza. Hay un registro mental de cada clic, sin audio, pero no hace falta. Los niños jugando, Evy vigilándolos, Margaret se detiene, intercambia palabras con ella, sonríen. Luego aparece Julia, la enfrenta, mis hijos se asustan, Julia golpea un mueble.
—Ella se tiró para impedir que cayera sobre Sebastián —hablo en voz alta—. Sin ese movimiento, ese mueble...
—¿Por qué estás enojado, entonces?
Todo esto pudo evitarse si tan solo hubiera sido franco con Julia. Su padre me lo había advertido; sus sentimientos estaban escalando a terrenos posesivos. Estaba convencida de que era la señora de la casa, llegando a menospreciar a sus padres en algunos momentos.
Al mismo Gregory, esta mañana, lo retó al decir que no era una empleada. Dios sabe de qué humor se había levantado, y logró controlar la furia. Eso sí, al llegar a casa de nuestros padres, le exigió a mamá poner orden en mi casa.
—Lo de Julia pudo evitarse —confieso—. Evy no estaría en este momento en cirugía, ni yo esperando ese maldito examen de mi hijo.
El peso del mueble sobre su tobillo causó una fractura, y hubo que ingresarla a cirugía. Si ella no hubiera lanzado a los niños a un lado, otra sería la historia en este instante.
—Admiro la capacidad de reacción de la chica —Gregory se nota asombrado al decirlo—. Mamá está eufórica por lo que hizo. Creo que no podrás despedirla, aunque lo desees —sonrío, porque pienso lo mismo, y ambos miramos a la pareja venir hacia nosotros y guardo silencio—. ¿Sabes qué me gusta de ella?
—Que no se te lanzó encima, ni te coqueteó, te mira a los ojos y puedes hablar sin temor a malinterpretaciones.
—Iba a decir que es inteligente y su rostro es fácil de leer —sonríe, acariciando el mentón, y niega—. Pero tú tienes una descripción mejor... En cuanto a evitarse —no sé si quiera escuchar lo que piensa, pero acaba diciéndolo—. La única forma era sacándola cuando Evy entró a tu casa —Gregory sonríe, y yo lo veo, molesto—. Sabes que tengo razón.
—Ella no hizo nada. Los Nielsen aseguran que Evy la evita y guarda silencio en casi todos los ataques...
—En los celos, no es necesario que el otro haga algo —me interrumpe, divertido—. Con existir, basta.
—¿Qué te han dicho? —pregunta Emma, quien llega con Alexis.
Han dejado a los niños en casa con Desiré, Charlie y los padres de esta. Es un verdadero milagro si al llegar encontramos a los adultos completos.
—Está en cirugía, fractura de tibia —explico.
—¿Qué hay de los niños? —pregunta Alexis.
—Sebastián está en su último examen —señalo la puerta, y asiente—. Mamá está con él, y papá tiene a Susan. Ambos me han sacado de allí, bastante molestos.
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INEFABLE
RomanceLibro IV Saga Frederick Jasón Frederick Jr. solo quería cumplir la última voluntad de Susan, su mejor amiga: tener un hijo y enseñarle que pudo contar con la mejor de las madres, pero que la ignorancia se lo impidió. Una vez que lo logra, contrata...
