Jason
El bautizo transcurrió en calma y en familia. Los Frederick con sus esposas e hijos y la poca familia de Evy. Sobra decir que el padrino de los niños fue cambiado; el lugar lo ocupó Damián. La madrina fue autoimpuesta: mi hermana Emma había decidido serlo desde mucho antes de que ellos nacieran.
Evy se iba adaptando de a poco a mi familia; era más receptiva, y la timidez se ha ido perdiendo. Confío en que, dentro de poco, ya no exista ningún temor hacia los míos.
Tuve la oportunidad de conocer a Magda; crucé un par de palabras con ella. Una chica inteligente, pero asustadiza y tímida. Se acercó a Evy con timidez. Ella solo la abrazó al verla y mostró con orgullo a nuestros hijos. En adelante, no se despegaron una de la otra, hasta que la ceremonia acabó y Magda se fue a casa de los O'hurn.
Damián había comentado que se rehusaba a ver a su prima por vergüenza. Lo que hicieron sus padres con su familia y con ellos la hacía querer mantenerse lejos de ella. No era culpable de lo que hicieron sus padres, y ningún niño debe cargar con culpas de adultos.
No hubo prensa, ceremonia o banquete; coincidimos en que nuestra situación no era para hacer alarde de felicidad. Con Eliú libre y Damián sin querer aceptar que el miserable era más astuto de lo que imagina, no podíamos bajar la guardia.
Nunca pretendí tener lo que hoy ostento: una familia e hijos. Siempre estuve consciente de que, en el lugar donde trabajaba, tenerla significaba una debilidad. Un punto en el mapa a través del cual quien quisiera dañarme tendría cómo hacerlo.
Estoy asustado, y no me avergüenza admitirlo, por Evy y mis hijos. El terror de que salgan dañados me mantiene despierto y pendiente de las cámaras de seguridad. Eliú sigue siendo una amenaza, y solo estaré tranquilo cuando vea su cadáver.
Inspiro fuerte antes de dar un trago a la bebida mientras contemplo las cámaras de seguridad de la casa. El registro de lo sucedido desde que me fui de casa hasta este instante.
Evy duerme en la cama con los mellizos en un cuadro hermoso: brazos, cabezas y piernas mezcladas en mi cama. La figura de Sebastián, aún con su traje blanco, encima de su madre, y Susan abrazada al costado de ambos, me saca una sonrisa.
¿Cómo pueden dormir con tanta incomodidad? Es increíble las poses que adoptan ambos al dormir y que ella se adapte a todas sin problemas.
—Estás haciendo una tormenta de la nada.
Vuelvo a dar otro trago a mi bebida y regreso a horas atrás, con Damián como única compañía.
—Es menos peligroso que subestimar a un asesino —le respondo a Damián—. Saber que están bien me mantiene aliviado.
—¿Crees que no he pensado en todas las opciones?
Guardo silencio, hastiado de lo mismo: hacerle entrar en razón. El registro del puerto mostraba a Eliú ingresar, minutos después salir. Esa noche no tuve en cuenta verlas y me centré en perseguir el medio más obvio en que iba a huir. Me cegó el miedo a que saliera dañada, y por primera vez no pensé con cabeza fría.
Es posible que estuviera en la ciudad, y si era así, era mejor estar alerta. Esa cinta entregada a Evy era un mensaje de amenaza contra todos nosotros. Damián insistía en tener todo controlado. Lo dudaba.
Eliú ha ocultado por años lo sucedido con los Klein; lo hizo sin problemas y tuvo mucho éxito. En todo este tiempo, creó planes de escape en caso de ser descubierto. Es lo que hacen cuando cometen un delito.
Mi móvil vibra en el escritorio, y lo reviso rápidamente al ver que es un mensaje de Gaspar. Reviso el contenido varias veces y lo suelto asqueado, sin poder creerlo.
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INEFABLE
RomanceLibro IV Saga Frederick Jasón Frederick Jr. solo quería cumplir la última voluntad de Susan, su mejor amiga: tener un hijo y enseñarle que pudo contar con la mejor de las madres, pero que la ignorancia se lo impidió. Una vez que lo logra, contrata...
