Narrador
—¿Está usted seguro de lo que me está pidiendo? —el oficial pregunta tras escuchar el favor que acaba de pedirle.
No. Pero es consciente de que es la única salida para darle paz a su familia. El mejor obsequio de cumpleaños que puede ofrecerle a su madre.
Lo ha pensado mucho, y es la mejor salida a todo esto.
Nunca persiguió a ese bastardo para hacerle daño o a su familia. "Perseguir" tampoco sería el término adecuado. Se aseguraba de saber dónde estaba y cómo vivía; saber todos sus movimientos le hacía sentirse tranquilo. No creyó en su arrepentimiento, y la historia de que se haría a un lado se hizo mierda cuando lo vio en esa azotea.
Si alguien violó el acuerdo fue Jedrek al volver.
Regresó a sus vidas para hacerse pasar por ángel protector. ¿Qué cojones esperaba que hiciera? ¿Que al asesinar a tres hijos de puta todo estaría perdonado? Su regreso era sinónimo de riesgos.
Aunque su padre asegurara que no era así.
—Sé que lo que le he pedido es delicado y que va en contra de todo por lo que ha luchado —enlaza sus dedos en su regazo y fija toda la atención en el hombre frente a él—. Piense que es una forma de compensar tantos años de injusticia cometidos contra él.
Su acompañante no dice nada y se limita a verlo fijamente. La amistad con su padre lleva más de cuatro décadas, mucho antes de ostentar el cargo que hoy tiene, cuando era un simple teniente al que le habían encomendado la difícil tarea de controlar el cuerpo policial que custodiaba gran parte de las industrias Frederick.
—¿Jason tiene que ver? —su pregunta decide no responderla y sostener la mirada de su interlocutor—. No son tus palabras, Gregory.
Los comentarios y excusas están de más. Retirar los cargos contra Jedrek es olvidar todo lo que hizo en contra de sus hijas y esposa, todo el dolor que vivió Desiré al momento de dar a luz.
Era una derrota necesaria. Pensándolo un poco más y deshilando verdades, se da cuenta de que es más una victoria para los suyos. El único que sale herido es su ego. Sonríe al darse cuenta de eso, y el comisionado lo observa intrigado.
—Entiendo —finaliza ante su silencio.
Toma el teléfono dispuesto en el escritorio. Se detiene con él en sus manos y lo observa antes de digitar los números. La ceja alzada y labios apretados parecen decirle que es su única oportunidad de retractarse.
Gregory asiente, con la bilis subiendo por su garganta. Lo hace con la duda que lo ha carcomido estos meses. Su padre le tiene cariño a ese hombre, y por eso lo hace, en agradecimiento por lo realizado a favor de Matthew, Jason y de él.
Existe una remota posibilidad de que sea solo lo que su madre le ha dicho: que puedan vivir una vida en paz.
Nadie puede garantizarle que, tras darle la libertad y permitirle acceder a este país por vía legal, no quiera terminar lo que dejó inconcluso. Tiene el entrenamiento, el dinero y el odio para hacerlo.
También el odio, y este lo acompañará siempre. No es un hombre de palabra, y lo demostró cuando regresó a su vida. ¿Para qué lo hizo?
—¿Existe una manera de limpiar su nombre sin que me sienta vulnerable? —pregunta.
Sonríe cuando el hombre cuelga la bocina rápidamente y lo observa detenidamente. Lo conocen lo suficiente para saber que no dará tanto sin asegurarse de que todo quedará en santa paz.
—Hay una forma —sonríe, inclinando su cuerpo hacia delante y apoyando sus manos cruzadas en el escritorio—. ¿Quieres que esto se vea como un cese al fuego, pero no deseas su amistad?
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INEFABLE
RomanceLibro IV Saga Frederick Jasón Frederick Jr. solo quería cumplir la última voluntad de Susan, su mejor amiga: tener un hijo y enseñarle que pudo contar con la mejor de las madres, pero que la ignorancia se lo impidió. Una vez que lo logra, contrata...
