Narrador
¡Absuelto! Repetía su cerebro una y otra vez, mientras intentaba concentrarse en las excusas del juez. Había llegado solo con el abogado por decisión propia, ante el riesgo que sería para Evy llegar a ese lugar.
Nadie más que ellos sabían el día y la hora del juicio. Pese a sus cuidados, la prensa se había enterado y un puñado de ellos esperaba a la salida. Un parricidio siempre será noticia.
Sin importar que sea o no verdad.
Una victoria en medio de muchas derrotas. Ser declarado libre de toda culpa lo obligaba a hacerse cargo de Magda. Un juez la declaró no apta para controlar su fortuna. Un examen psicológico dictaminó que poseía:
"Discapacidad mental menor."
Esa condición le impedía manejar por sí misma sus bienes y, dado que Damián era el familiar más cercano y su madre así lo dispuso, él sería el tutor hasta que ella cumpliera los 24 años, edad en que volvería a revisión.
Debería sentirse feliz por ser libre, pero no podía. Le era imposible cuando alguien allá afuera quería hacerles daño a los suyos.
—¡Felicitaciones!
Su abogado apoyaba la mano en sus hombros y lo sacudía levemente, haciéndolo salir del letargo en el que estaba. Evy seguía sin recordar quién era la persona del auto o por qué acabó lanzándose del mismo. Damián contaba con una teoría al respecto y en nada tenía que ver con el golpe.
Evy había bloqueado esa parte como método de protección.
—¿Abrirá la clínica? —su abogado insistía en hacerlo salir del letargo en el que se encontraba.
Su comportamiento no era el de alguien declarado inocente. Sus manos en un puño, labios apretados, sus ojos oscuros cargados de odio. Su poca o nula empatía estuvo a punto de hacerle pagar por un crimen que no cometió.
Por más que la pareja se lo mereciera, no podría. Estar en prisión daría a su victimario el triunfo y a él lo convertiría en perdedor. La muerte era lo que menos quería para esos dos.
—No me interesa hacerle publicidad a Damián y Silke —respondió tras una larga pausa en la que se limitó a ver el estrado frente a él—. Sin mencionar que sería poco probable que alguien quiera mis servicios.
—Es un hombre con una capacidad intelectual casi sobrenatural —el abogado recogía los documentos de su escritorio y Damián le daba una mano—. Sería una pena que se desperdiciara por un error y es inocente. Tanto usted como la joven Magda.
—Eso no nos quita el letrero de ser hijos de un bastardo —le entregaba los documentos recolectados antes de añadir—. Los diplomas se llenarán de polvo en nuestros cajones. Años de estudios tirados a la basura.
—Es lamentable que tanto talento acabe en la basura —comentaba el hombre con pesar—. ¿Qué hay de la demanda?
—Olvidé agradecerle su ayuda —recordaba, y el hombre desechaba su agradecimiento moviendo sus manos—. Han decidido seguir su consejo y conciliaron —se acomodaba los gemelos antes de dar media vuelta para enfrentar a la prensa—. Fue un buen discurso el que les dio.
—Es lo más inteligente. Ese juicio se convertiría en mediático, en donde quienes lucrarían sería la prensa —alzaba la mano antes de seguir y empezaba a enumerar—. La identidad de los niños saldría a la luz, algunos tienen edad para acceder al televisor o a un móvil y, si no es así... lo que se publica en la web allí queda.
—Una pésima manera de enterarte de que tus padres no son tus padres —aceptaba Damián—. No justifico que callaran por dinero, pero creo que siempre hay que rescatar lo bueno dentro de lo malo. Los niños no serán expuestos.
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INEFABLE
RomanceLibro IV Saga Frederick Jasón Frederick Jr. solo quería cumplir la última voluntad de Susan, su mejor amiga: tener un hijo y enseñarle que pudo contar con la mejor de las madres, pero que la ignorancia se lo impidió. Una vez que lo logra, contrata...
