Capítulo 24

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Jason

Justo el día en que decidí mostrar mi lado débil y la parte más oscura de mi vida, Evy corrió peligro. Los eventos que rodearon su salida de la casa estuvieron cargados de muchas coincidencias. El servicio no estaba trabajando ese día; los chicos de la caseta ayudaban con la instalación de cámaras, y estas últimas aún no funcionaban.

Las únicas personas que se quedan en casa eran los Nielsen, y esos tampoco estaban; habían llevado a Julia al aeropuerto. No quiero ni imaginar que alguien dio esa información, y si lo hizo, deseo creer que fue inconscientemente.

Como fuera, dos cosas eran seguras: la persona era allegada a la casa y conocía a Evy. Me levanto de la silla al ver que se ha quedado dormida y salgo al pasillo. Como lo imaginé, Nikolái se encuentra vigilando la habitación. Me saluda con una leve alza de mentón, guarda el móvil y se acerca.

—¿Cómo está todo? —me pregunta, y muevo la palma de mi mano de izquierda a derecha.

—El golpe no comprometió el cerebro y está ubicado por fuera —le explico, y se cruza de brazos, fijando sus ojos dorados en mí—. Tiene golpes en la espalda, raspones en los hombros y codos. Sin embargo, la mayoría están en la espalda.

—La zona de impacto al caer del auto —concluye, y asiento—. Es increíble que no sufriera una lesión peor...

—En realidad, no es tan imposible —inhalo fuerte antes de empezar—. Fue en un semáforo —describo—. El vehículo estaba estacionado; si estuvo al pendiente del kilometraje y calculó el tiempo que tarda en cada kilómetro, pudo hacerlo sin problemas.

De 48 a 56 km (30 a 35 millas) por hora debe ser la velocidad máxima para saltar. SÍ el vehículo va por encima de este rango, distrajo al conductor o creó confianza. SÍ nos guiamos por los golpes y magulladuras, se entiende que ella sabía cómo hacerlo.

—¿Quién pudo enseñarle esas cosas?

—Quizás su amiga en común o algún experto en defensa personal —se encoge de hombros antes de seguir—. Buscó el momento exacto en el cambio de semáforo y que todo coincidiera. Era poco probable que el hombre se bajara a volver a subirla.

Se concluye que iba sola con el conductor, a quien debió conocer, y la sacó del sitio con algún engaño. Conocía la ubicación de las cámaras, por eso no entró del todo al portón de la casa.

—Eso nos da muchas opciones, y en todas ellas hay alguien de la casa involucrado —me sorprende ver que llega a la misma conclusión que yo—. Yo podría estar dentro de los sospechosos debido al cambio de cámaras —guarda silencio y se cruza de brazos—. Sé que no debería señalar a nadie...

—Lo he pensado —confieso—. También que alguien le pudo sacar información.

—O ella darla gratis —interrumpe, divertido—. El problema con las mujeres celosas no es solo que sean peligrosas o vengativas. Son, además, capaces de hablar millones de palabras (ofensivas la mayor parte del tiempo) en lo que dura el enojo.

—Soy culpable desde donde lo veas —explico—. Le di demasiadas concesiones a Julia, te alejé de ella y la dejé sola.

—Las culpas no son relevantes en este instante y no nos llevarán a ningún lado. Entiendo que el amor suele cegarlos —señala el pasillo detrás de él antes de seguir—. Afuera hay alguien que quiere a su... a la chica —corrige rápidamente y sonríe— muerta.

—Entender el porqué será difícil. Solo que es hacia los Klein. Dos de ellos están muertos, uno en la cárcel, y Evy estuvo a punto de seguir los pasos de su tío...

—Sus hijos también son Klein —me recuerda, y guardo silencio—. SÍ no me necesita más aquí y me asegura que no va a irse... iré con ellos.

—Me quedaré aquí; ella sigue asustada, y no deseo dejarla sola —asiente, dando media vuelta, y se detiene.

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