Extra 4: Uno más en la familia.

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(Ryan)

 

Extendí la sábana blanca en la cama, hace dos semanas Emma y yo nos mudamos a este pequeño departamento de una habitación en el centro de Londres, ha pasado un año desde que nos casamos y estamos más felices que nunca. Mia y Will se mudaron a una casa en las afueras de la ciudad, claro, ellos viviendo como rey y reina y nosotros en la pobreza.

Cuando terminé salí de la habitación a la cocina, lo cual fue una distancia de veinte pasos como máximo, abrí el refrigerador y bebí jugo de naranja del envase, a Emma no le gusta que lo haga pero si no se entera no le duele.

Escuché la llave entrando en la cerradura de la puerta principal, prácticamente lancé el envase dentro del refrigerador y salí corriendo a la habitación y saqué toda la ropa de uno de los cajones e hice como si estuviera guardando las camisetas una por una en su respectivo cajón.

Emma entró a la habitación con una enorme sonrisa ¿Y ahora qué le pasó?

—           Hey. — me saludó y rodeó mi torso con sus brazos y me besó.

—           Hola, estas muy feliz ¿Eh?

—           Sip. — soltó una risita.

—           ¿A qué viene toda esa felicidad? Apuesto todo lo que tengo a que es porque volviste a casa con tu inhumanamente sexy esposo. — dije divertido.

Se encogió de hombros y volvió a reír.

—           Vamos, rubia, necesito que me digas por qué tantas risas y esa enorme sonrisa. — pellizqué sus mejillas.

—           ¿Qué tanto te interesa saber?

—           ¿Del uno al diez? — alcé una ceja.

Asintió.

—           Quince. — sonreí.

Rio.

—           Está bien, pero deberás averiguarlo por ti mismo. — rodé los ojos. — Algo está creciendo dentro de mí.

Fruncí el ceño muy confundido y ella me besó y salió corriendo de la habitación.

Me senté al borde de la cama y apoyé mi mentón en mi puño. Pensaba y pensaba y nada se me ocurría.

Juro que se me estaba calentando la cabeza de tanto pensar.

—           ¡Emma! — grité frustrado.

Ella volvió mientras se reía.

—           ¿Necesitas ayuda?

Hice un puchero y asentí.

—           Algo está creciendo dentro de mí. — hizo énfasis en la palabra "creciendo."

De la nada algo pasó por mi cabeza y mis ojos se abrieron de par en par.

Me apresuré a levantarme y la tomé por los hombros.

—           ¿Una bacteria está creciendo allí dentro? — exclamé mientras señalaba su estómago. — ¿¡Te estas muriendo!? ¡Emma Rose Coleman! ¡Toda esta intriga me está matando!

—           ¡Cálmate! — exclamó mientras tomaba mi rostro entre sus manos. — No me estoy muriendo ni nada por el estilo.

Suspiré aliviado.

No tengo idea de por qué soy tan idiota y pienso ese tipo de cosas, ella no estaría sonriendo si estuviese muriéndose.

—           ¿Quemaste tus neuronas pensando? — se burló.

—           No te burles. — le mostré mi lengua.

Rio.

—           ¿Te lo digo de una vez?

Asentí eufórico.

—           Ryan.

—           ¿Si?

—           Estoy embarazada.

Mi corazón se aceleró y mis ojos se abrieron de par en par.

¿Qué había dicho que? No, me estaba jugando una broma pesada, era eso, pero que rayos ¿Por qué bromearía con eso? Oh por Dios.

Mi corazón se aceleró aún más.

—           ¿Q-qué? — tartamudeé. — ¿Es en serio?

Ella asintió con una sonrisa.

No pude contenerme más y la abracé tan fuerte como pude, no podía creer lo que me había dicho.

La levanté del suelo y caminé hacia atrás hasta que ambos caímos sobre la cama.

Ambos reímos.

—           No me estarás jugando una mala broma ¿O sí?

—           ¿Qué estás loco? ¡No! — exclamó.

Reí.

Emma se acostó junto a mí, me di la vuelta y besé su mejilla.

—           ¿Sabes que me causa gracia acerca de todo esto? — me preguntó ella con una sonrisa.

—           No ¿Qué?

—           Que en unos meses serás padre. — dijo algo divertida.

—           ¡Oye! Haré todo lo posible por ser buen padre y me aseguraré de que él o ella sean muy muy felices. — sonreí.

—           Lo sé. — sonrió. — Y espero que encuentres a quien pedirle consejos de cómo ser padre.

—           Oh, claro que lo haré.

—           No se vale llamar a Will.

—           ¡Rayos!

Ambos reímos.

Nos quedamos unos segundos haciendo contacto visual.

—           ¿Sabes qué?

—           ¿Qué?

—           Cuando me fui deje la cámara encendida en la repisa y grabé toda tu reacción. — ella intentaba no reír.

—           ¡Emma!





De nada n.n

Galletas, Angie. (Batman fuera)xx

El Asesino de mi HermanoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora