6

594 38 0
                                        

Camine a la puerta mas que molesta, tome aquella perilla cuando de repente esta es empujada con fuerza a la otra dirección.
Lo que parecía ser uno de sus guardaespaldas me obliga a retroceder con brusquedad tomándome por la muñeca. ¿Que mierda?

Me arroja al sillón con un movimiento brusco y entonces intento levantarme, me toma nuevamente del brazo tirando de este haciéndome volver, pero esta vez me sostiene.

—Más te vale obedecer, nada sale de aquí.

Dice con una sonrisa macabra en su rostro.

La puerta se amplía un poco mas y lo veo entrar, el tipo me suelta y pretende no haber hecho nada cuando nota la presencia de Bill.

—Jan-

—Cierra la boca.

Me levanto más que molesta y camino afuera, podría ser cualquier cosa pero siempre cumplía con mi palabra por más enojo que hubiera dentro de mí. Subí al auto mientras él me llamaba. Pasan algunos segundos y lo siento entrar al lado de mi, fijo mi mirada en la ventana de aquel carro enorme y respiro con dificultad, su maldito guardaespaldas apretó mi brazo sin piedad y ahora está punzando mientras veo rastros de un hematoma aparecer.

—¿Que pasa?—pregunta cerrando la puerta.

Lo veo presionar un botón que hace que la pequeña cortina entre los asientos traseros y delanteros suba, ahora el chofer quedaría con la curiosidad sobre aquella plática.

—Vámonos ya.—contesté seca—

Dolía demasiado.

—No nos iremos hasta que me digas por que estás tan molesta —dice mirándome a los ojos.

No soportaba el dolor, el coraje, la desesperación y el nudo en la garganta.

—Me lastimó.

—¿Que?

—Me lastimó, él me lastimó.

Repetí.

—¿Quien te lastimó, Jane?

Su expresión cambió a una completamente nueva.

—Tu guardaespaldas.

Abrió la puerta en cuestión de segundos, rodeó el auto y ahora se encontraba de mi lado, abriendo de igual manera.

—Ven aquí.

Negué como niña pequeña.

—Por favor Jane solo.... solo ven aquí—pidió molesto.

Me levanté con pesadez y seguí sus pasos, tomo mi muñeca e hizo que frenara en seco. Haciendo una seña extraña, todos y cada uno de sus guardaespaldas formaron una fila en su dirección.

—Apunta, Jane.

Lo miré, mire al imbecil que se atrevió a lastimarme, acto seguido, apunto con mi dedo anular sin dejar de mirarlo.

—Estás despedido.

—Señor Skarsgard yo...

—Ve a casa, Gustavo.

—La chica miente.

—Me importa una mierda, largo.

PREJUDICE | BILL SKARSGARDHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora