CAPÍTULO XXVIII

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Si había algo que me encantaba de este lugar era el contacto que tenía la propiedad de Seo con la naturaleza, realmente no me había dado cuenta de lo hermoso que era Seúl, a pesar de ser un lugar alejado de la ciudad, consideré que estar aislado de todo lo industrializado que el presidente Park proponía era mejor estar aquí.

Principalmente por la vista que tenía la orilla del río que estaba cerca de la casa, donde por primera vez contemplé lo hermosa que era Lalisa Manoban.

Ahora mismo, la historia se repite, pero en otro contexto, que ella esté justo a mi lado observando al horizonte, pero ahora el clima es distinto, más frío, el río helado, la briza helada y las hojas de los árboles secas por el clima, pequeños copos de nieve ya empiezan a surgir muy ligeros, y Lisa, que con cada estación del año su belleza se adapta con tanta singularidad que hacer resaltar de una manera distinta sus facciones.

Nunca en la vida habrá unos ojos como los de ella bajo esas enormes pestañas que destellan por el brillo del miel de su mirada, su perfil tan atractivo, sus mejillas rosadas por el frío al igual que su nariz y sus labios de un tono durazno que hacen juego con el abrigo que la acoge hasta las pantorrillas.

─ Nunca creí que me gustaría estar aquí─ dijo de pronto, vi un halo de si aliento helado salir de su boca ─ cuando pensé en dejaría todo lo que yo creía era mi vida, supuse que tendría que lidiar con personas muy complicadas, con mentes pequeñas, que nada me gustaría, ni siquiera la comida. Pero, me equivoqué.

Sonreí, me acurruqué a su lado y uní mi mano con la de ella.

─ ¿Crees que ya estábamos destinadas a encontrarnos? ─ preguntó en cuanto apoyó su cabeza contra la mía.

Achiqué mis ojos para pensar por un momento y dije ─ Supongo que sí, no a diario atropellas a personas en Seúl. ─ repuse.

─ ¡Oye! Tu te lanzaste contra mi auto ─ refutó y gruñó, reí.

─ Creo que si alguien es para ti, sin importar el género, esa persona de una u otra manera siempre se encontrará contigo ─ dije ─ Siempre creí que Kai era la persona con quien al final terminaría casada, pero el destino no quiso que así fuera, de lo contrario no sentiría algo tan fuerte por ti, y lo más increíble es que cambiaste mi vida en tan poco tiempo.

─ Tu también cambiaste la mía ─ completó en una voz suave, sujetó mi barbilla con su mano y se acercó para besarme en los labios, tan cálido al tacto y tan tierno, levanté mis manos para tocar sus mejillas y profundizar más nuestro beso, hasta qué.

─ ¡Lalisa Manoban! ─ la estruendosa voz de Seo a lo lejos nos interrumpió.

─ Los pisos Lisa, no están calientes, y no has juntado suficiente leña, te dije que acomodaras la reserva de comida...─ y bueno era un enorme etcétera de actividades que Seo le pedía a Lisa.

Apenas habían pasado tres días desde que Seo me dejó vivir aquí, ella iba todos los días fuera de la ciudad por trabajo, según Lisa consiguió de maestra en una primaria de una provincia muy pobre a las afueras de Seúl, por tanto, a Lisa le tocaba limpiar la casa, pero en cuanto a mi, no me dejaban hacer absolutamente nada, aún así lo hacía, me gustaba pese a que no estaba muy acostumbrada.

─ No es necesario que lo hagas, puedo hacerlo yo sola ─ decía Lisa con algo de leña, que en sí eran un montón de ramas gruesas y secas que reunimos de la pradera ─ Seo suele ser un poco histérica, lamento que tengas que soportar su humor.

─ No importa, mi madre tenía un humor mucho peor, además esto es muy divertido, nunca había hecho algo así ─ dije alegre.

Lisa frunció el ceño y se encogió de hombros.

AMOR EN ROSA - JENLISADonde viven las historias. Descúbrelo ahora