¿Cómo así que me han despedido? Venía con mi carta de renuncia en la mochila y me han dejado con ella dentro. Nada más cruzar la puerta del despacho de mi jefa me ha dicho con el ceño fruncido un !Estás despedida¡ que casi me hace reír.
No articulo palabra porque a pesar de que esas eran mis intenciones me molesta sobre manera su tono para referirse a mi y encima sin motivos porque humildemente soy lo mejorcito que ha pasado por aquí y si han logrado ser algo conocidos es por la gente que he atraído con mis redes sociales y mis post.
—Buenos días, ¿jefa?, ¿ex jefa?— intento bromear porque ese será siempre mi mecanismo de defensa cuando no sé cómo actuar— ¡Qué buen humor mañanero!— le levanto el pulgar y su cara de que quiere estrangularme me hace sentir satisfecha.
—¿Crees que estoy para bromas? ¿Crees que después de esto saldrás de rositas por ahí?— okay esto va más allá de un simple estrés conmigo, abre una gaveta y me lanza varios ejemplares de revistas encima de la mesa, me apresuro a agarrar una y waoo sí que tiene motivos para estar enfadada, esa soy yo en la portada, más explícito, no soy yo, es mi auto y Meredith censurada entrando en él.
Gracias a la mala suerte del reportero que tomó la foto mi matrícula quedó fuera de su enfoque pero mi jefa, con esos lentes enormes no podía pasar por alto ese auto que mira con recelo desde el primer día que llegué aquí.
—Es una linda foto, ¿me dejas una de recuerdo?— le digo doblando la revista e introduciéndola en mi mochila—¿Has leído ese titular? Meredith Philips se escapa de su boda con ¿su amante?— estallo en risas. La pobre chica debe tener un millón de reporteros y millones de personas entrometidas husmeando en su vida personal como si tuviesen derecho a hacerlo ahora mismo.
—¿Ni siquiera esto te tomarás en serio Satô?—odio mi apellido saliendo de su boca con ese tono demandante, entiendo perfectamente que ante sus ojos están mal mis acciones, pero no me podía permitir marcharme de aquel hotel sin hacerle saber que una vida planeada por otros no es una opción. No me arrepiento de lo que hice. Suceda lo que suceda.
—Señorita Karen, solo tú sabes que ese de ahí es mi auto, como sos adulta e inteligente no dirás nada porque sabes que te jugarías tu futuro en la empresa, ¿quién va a confiar en ti con esos antecedentes ? No crees ?— pongo ambas manos sobre su escritorio— creo que tienes más que perder que yo— me mira con cara de qué explotará como una mina pero no lo hace, simplemente me asesina con los ojos— no creo que seas tan estúpida y cabes tu propia tumba así que— hago un gesto de ciper sobre mis labios.
— Eres un demonio — se levanta de su silla con una rabia enorme, pasa por mi lado y me abre la puerta para que me marche— no obtendrás indemnización por despido, ni siquiera lo pienses.
—Con ese dinero puedes seguir sumando y acabar de arreglarte la nariz, la última vez te quedó algo torcida, paga un buen cirujano con mi dinero, lo necesitas.
Cierra la puerta casi en mi nariz, envidiosa!! sé que he sido grosera pero ella tampoco ha sido la más agradable de las jefas durante este tiempo así que estamos a mano.
Nunca le he tolerado y el sentimiento siempre ha sido mutuo, es de las pocas personas que sabe de mi familia y el peso de mi apellido, en un inicio me trató como una riquilla caprichosa que quiere rebelarse contra papá para obtener fama y ser el foco de chismes y prensa y tuve que demostrarle con trabajo duro que si estaba aquí no era solamente porque necesitaba independencia económica sino que también amaba hacer esto. Me gané su respeto poco a poco y pude relajarme y sentirme a gusto un tiempo, hasta que se volvió sofocante. La Empresa adquirió algo de reconocimiento y comenzó todo a cambiar y a irse al traste, no tenía mucho tiempo para mí y deje de tener la libertad que antes tenía, incluso me hicieron firmar un contrato donde me prohibían hacer uso de mi talento en cualquier red social sin autorizo de mi empresa, trabajos fuera de horario y la gota que colmó el vaso, a trabajar con gente adinerada que comenzó a mirarme por encima del hombro, a llamarme pobretona, a esconder sus cosas de valor delante de mi cara porque podrían desaparecer. Ella solo se robaba el crédito de mi trabajo luciendolo en todos lados y permitía estas actitudes hacia sus empleadas, a fin de cuentas bastante engordó sus bolsillos gracias a mí y a las demás chicas. La paga era buena, pero podía ser mucho mejor.
Aún parada en el lugar, tras la puerta dejo ir un largo suspiro. Toco nuevamente pero no hay respuesta, insisto.
—Adelantee— grita desde dentro Karen y me muerdo el labio para no delatarme con una risa. Me asomo mirando hacia ella.
—Solo quería decirte que si te apuntas a lo de la nariz, en Japón están los mejor....
— Piérdete de una puta vez— me grita con todas sus fuerzas.
Ahora si me puedo marchar satisfecha. La he hecho rabiar.
Salgo caminando apresurada y veo como algunos curiosos están arremolinados en los pasillos, riéndo y hablando en susurros, obviamente han escuchado los berrinches de la explotadora que les paga.
Entre ellos encuentro a Clark, la nueva que habían asignado a mi equipo. Camina hacia mí con cara triste.
— Eres nuestra heroína, le has pateado el trasero.
Me rasco la nuca porque mi intención nunca fue que esto saliese de la oficina y desacreditarla ante todos, tampoco soy Robin Hood y me tomo la justicia por mis propias manos cuando ni siquiera soy la buena de la historia, tengo tantos defectos o más que esa arpía dentro de la oficina.
—Tampoco así, saben cómo es— intento suavizar las cosas pero al parecer tenían los oídos pegados a las paredes.
—Te admiramos demasiado— me toma por las manos y casi quiero retirarlas por ese contacto sin permiso previo de mi parte pero me abstengo de hacerlo— definitivamente sin ti no será lo mismo.
—Supongo que... gracias— siempre me da vergüenza halagar a las personas o decirle lo que pienso pero necesito hacer una excepción, esta gente trabajó conmigo mano a mano y no las volveré a ver— Bueno ya saben que me estoy iendo sin retorno así que les deseo a todos realmente lo mejor y si pueden, escapen de las garras del halcón— les guiño un ojo y todos ríen y por instantes casi quiero llorar porque, mi primer trabajo termina aquí, mi primera responsabilidad como adulta, mi espacio por tantos meses, esta gente que me admira.
Camino hacia la salida porque no me gusta la versión débil y sentimental de mí, es terreno desconocido.
Escuchar que me aplauden cuando me giro y que uno que otro me grita te extrañaremos hace que el nudo que siento en la garganta se rompa y dos lágrimas rápidas se me escapen.
De camino a casa recuerdo el chisme de la revista y pienso en el incómodo momento que debe estar viviendo Meredith siendo juzgada por medio mundo, lo he sufrido y no ha sido lindo de vivir, la impotencia que se siente al no poder gritarles a todos en la cara el significado de la palabra privacidad, el desespero de no encontrar un lugar para estar en paz con uno mismo, lo pésimo que es sentirte como basura al elegirte a ti y a lo que amas, por dejar segundo lo que quieren de ti. Egoísta. Me sentí egoísta tantas veces. Me costó tanto entender que los egoístas eran ellos, nacemos una vez y merecemos pelear por lo que nos hace felices y eso, no es egoísmo, es amor propio.
Busco en mi móvil su contacto y le envió un texto.
Novia a la fuga: ¿Estás bien?
Su respuesta no llega en minutos así que me subo al auto y conduzco a casa.
En la puerta de entrada tengo visita, una chica con una sudadera enorme y ojos llorosos viene hacia mí sollozando y me abraza.
—Todo estará bien, lo prometo— le acaricio el pelo con cariño, sé que soy como un cactus, seca y espinosa pero necesito que sepa que no está sola, que hay alguien aquí para ella, que el mundo entero no está en su contra.
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Me refugio en ti
Novela JuvenilKyoto Satō ha sufrido gran parte de su vida. El abandono de su madre y la frialdad de su padre la han convertido en alguien fría, indiferente. Incapaz de abrir su corazón a ningún hombre. Fiel defensora de que el mundo está jodido y que el amor es...
