Capítulo 12

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-Sí, Cal, estoy bien. Oye, te dejo que entro ya. ¿Deséame suerte, vale?

-Sueeeeerteeeeee....-dice mi amigo, pero le cuelgo. Salgo del coche de Travis, que se ha oferido a llevarme, y entro en el edificio. El bufete está en la octava planta. Mis tacones repican contra el suelo de mármol. Ayer John Gringer me llamó para decirme si podía venir hoy al bufete para hacer la entrevista conjunta. Y me pidió que me arreglara de manera formal porque Harry Rollands se toma muy a pecho la primera impresión. Así que aquí estoy, en el ascensor, contrastando por mi aspecto con la mujer de mi lado. Debe tener unos treinta años, de pelo moreno, y lleva vaqueros, botas y una americana negra con una camiseta a rayas de manga larga. Yo, por lo contrario, llevo el pelo pelirrojo recogido en un moño, una americana beige, una blusa ceñida color salmón de un tirante, una falda beige de tubo, y el bolso, el cinturón y los zapatos de tacón a juego. Debo parecer años mayor de lo que soy, pero mis padres me acostumbraron a tener un estilo, según ellos, elegante y sofisticado, que para mis amigas se traduce como aparentar cinco años más. Salgo del ascensor y me acerco a la secretaria.

-¿Desea algo señorita?

-Sí. Tengo una cita con los señores Gringer y Rollands.

-¿Nombre?

-Katherine Howkings.

-¡Oh, sí! El señor Gringer me dijo que vendría. Acompáñeme, señorita Howkings. -La mujer, que debe tener unos cuarenta, se levanta de la silla y me guía a un despacho cerrado. Salen voces amortiguadas de dentro. La secretaria pica la puerta y la conversación se interrumpe.

-¿Sí?

-Señores, ha llegado la señorita Howkings.

-Oh, sí. Dile que pase.- la mujer se aparta de la purta y entro en el despacho con cuidado. Hay tres hombres. Uno de ellos es John Gringer, lo reconozco de la otra vez. Está sentado en un sillón de cuero como si estuviese en el salón de su casa, con cara de diversión. Detrás de un escritorio de madera negra hay un hombre de unos cuarenta y muchos, con el pelo cano peinado hacia atrás y de intimidantes ojos azules. Debe ser Harry Rollands. Y luego hay un hombre, chico más bien, de unos veintitantos, pelo castaño corto, ojos verdes y mirada arrogante. Es otro abogado seguro.

-Oh, Katherine, querida, me alegro mucho de verte. Harry, te presento a la señorita Howkings. Es hija de Brenda Howkings y de Ethan Howkings, la sobrina de Andre Howkings y nieta de Tania Elle.

-Un gusto conocerla, señorita.

-Igualmente señor.

-Katherine, supongo que ya conoces a Harry Rollands, mi socio. Y este de aquí es Dylan, nuestro abogado más joven. Lo contratamos hace... ¿cuánto?¿Dos años? Menos, diría yo. Y ya nos ha causado problemas. Algunos clientes se han quejado porque...

-Diría que eso a la señorita Howkings no le interesa. Hablaremos luego, señor Tarner. Ahora tenemos la entrevista con la señorita Howkings.-el chico se marcha, mirándome mal aún. ¿Por qué me mira así? Yo no he echo nada.

-Bien, señorita Howkings. Tengo entendido que estudia derecho, ¿me equivoco?

-No, señor.

-John me ha hablado muy bien de usted, pero John es muy entusiasta, ¿me equivoco?

-Si no pusiera empeño y entusiasmo en mi trabajo no sería tan bueno, ¿no crees Harry?

-Estoy de acuerdo contigo, John, y lo sabes. Pero primero tendremos que hablar con la señorita para decidir si entra de becaria o no. Si no es buena, nos veremos forzados a hablar con la señorita West.

-Tú no viste a Katherine en el juzgado, Harry, y mira que te dije que deberías haber venido. Estuvo increíble.

-Señorita Howkings, he hablado con su profesor, Matthew Spencer y me ha hablado muy bien de usted, Katherine. He mirado su expediente...-¿mi expediente?¿eso no era privado?-....Y realmente me he sorprendido. Nunca había visto una jovencita tan brillante como usted. ¿Cuantos años tiene?-de repente al señor Rollands se le ilumina la mirada y se hecha hacia atrás en la silla de escritorio. Se le relajan las facciones y ya no parece un hombre tan serio. Profesional, pero no serio.

-Diecinueve. En agosto cumplo los veinte.

-El señor Spencer tuvo la amabilidad de mostrarme el vídeo que grabó del juicio de prueba. Y realmente estuvo muy bien como fiscal, pero tengo entendido que quiere dedicarse a la abogacía matrimonial.

-Así es.

-Bien, pues creo que la vamos a contratar de becaria. Ayudará y asesorará a nuestros abogados. Al ser más joven, usted es más creativa y tiene más recientes las leyes nuevas. Hay algunos de nuestros abogados más antiguos que se han quedado un tanto anticuados.

-Muchas gracias señor, no le defraudaré.

-Katherine, si tu estancia aquí te complace, podemos oferirte un programa para que hagas las prácticas aquí y, quién sabe, cuando te gradúes tal vez puedas trabajar aquí.

-Eso estaría muy bien señor.

-Bien, hablemos de los horarios. ¿Por las tardes tienes clase?

-No, señor.

-Entonces sería... ¿De lunes a jueves de las cinco y media a las siete?

-Claro, señor.

-Entonces creo que ya no hay más que hablar. Un gusto conocerla, señorita Howkings. Déle recuerdos a sus padres de mi parte en cuanto los vea.

-Por supuesto señor.

-Katherine, te acompaño a la puerta.

-Muchas gracias. -Salgo del despacho con John Gringer detrás. Me acompaña al ascensor.

-Bien, Katherine, espero que aprendas algo con esto.

-Claro que sí, señor Gringer.

-Bien. Nos vemos la semana que viene.

-Por supesto, señor Gringer.-entro en el ascensor y bajo. Travis está fuera, esperando con el coche.

-¡Pelirroja! ¿Qué tal ha ido?

-Muy bien. ¡Me han contratado!

-¡Vaya, me alegro mucho!-me subo al coche y me desabrocho el botón de la americana. Desde el día de la fiesta, Travis está siendo muy amable. Más de lo sano, diría yo. Creo que se siente culpable por lo de Sam, a pesar de que intenté explicarle que no era culpa suya. Incluso intenté convencerle de que el resto del rato me lo había visto bien, pero él me dijo que sabía que había estado en la cocina bebiendo Coca-Cola.

Compañeros de pisoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora