TREINTA Y SEIS intentos de suicidio

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Continuación...

No sabía en qué momento habían entrado esa cantidad de guardias con sus armaduras replandecientes y sus espadas afiladas. Se posicionaron alrededor de nosotros interponiéndose ante cualquier posible salida.

Mi madre estaba frente a mí quién aún con su cuerpo delgado y baja estatura, a pesar de parecer tan frágil, mostraba una firmeza mas inquebrantable que la mia.

– Muévete. – dijo el gran hombre acercándose a pasos calmados pero increíblemente intimidantes. – ¡Es una orden, Mujer! – mi madre no respondió, y cuando mi Padre llego frente a ella ésta solo estiró sus brazos a los costados dando a entender que me protegería. El contrario soltó una carcajada burlesca y alzó su espada rápidamente golpeando a la mujer en la nuca con el mango, aquel golpe dejó a la albina rápidamente en el suelo. – Obedece.

Los ojos de mi padre que miraban sin emoción alguna a la persona en suelo volvieron hacia mí con tal rencor y odio que no le hacia falta la espada para matarme.

Da un paso a un costado apartándose de la alfombra roja y con la punta de su espada levanta aquella tela dejando ver el escrito tallado en la piedra.

– Aunque quisieramos tapar lo ocurrido aquella vez con esta estúpida alfombra, aún quedas tú. El principal producto de ese horrible evento. Y tal y como dice este escrito... – se acerca amenazante, alzando su mano que sostenía el arma para acomodar su agarre y colocar el filo en mi cuello a la vez que con su otra mano sujetaba mis cabello bicolores de forma violenta. – Eres hijo del diablo, por que mío no.

En ese momento sentía el frio del metal  tocar mi piel perforándola un poco permitiéndo el líquido rojo bajar lentamente por mi pecho.

¿Cual fué mi pecado?

¿Qué hice antes de siquiera nacer para merecer esa muerte tan indigna?

¿Qué soy?

Humano. Monstruo. Demonio. Adefesio.

Lo único que tenía claro era que auellos gritos de sufrimiento que hacian ecos continuamente en mi cabeza, era mi niño interior lleno de esperanzas que jamás tuvo la oportunidad de salir.

–¡AKJ! ¡MALDITA!

Era la voz de mi padre lanzando un grito de dolor a la vez que se escuchaba el caer de un metal delgado al suelo.

Al abrir mis ojos aprecio al Rey con unas marcas de dientes en su antebrazo, forcejeaba con los brazos de mi madre que lo tenian apresado mientras está se encontraba dándome la espalda.

– ¡Huye Shoto!

Mis piernas definitivamente no podrían hacer eso.

– ¡Mierda! – mi padre logra liberar un brazo y agarra el cuello de mi madre alejándola pero al mismo tiempo ahorcándola.

Mi madre no cedía mientras era inclinada hacia atrás con la acción del pelirrojo. Los ojos grisáceos de la mujer se encontraron con los míos y con su ultima respiración susurró algo que caló hasta mis huesos.

– Lucha... – y como si fuera un robot y aquello un comando, me agaché estirando mi brazo hacia el suelo para recoger la gran espada que antes por poco era usada para mi muerte, tomandola con ambas manos la clavé en la espalda de mi progenitora.

MateloT | BakuTodoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora