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Rooney Bauer
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Son las once de la noche, pero ya todas las luces están apagadas. Supongo que todos deben estar durmiendo. Yo también debería intentarlo.
Antes de hacerlo, decido dar una última vuelta por la casa. Aunque las familias han estado a salvo en esta isla, me gusta asegurarme de que todo esté en orden. Con tanta incertidumbre y los últimos sucesos, el ambiente se ha vuelto tenso, todos andan más callados, distantes... y diría que un poco tristes.
Paso frente a la habitación donde duermen Agatha y Naiara. Ambas están acostadas, pero con los ojos abiertos, mirando al techo.
Pobres pequeñas. Estos días han sido demasiado duros para ellas: solas, sin saber si volverán a ver a sus padres. No es justo. Pero, ¿qué es justo en esta vida?
Golpeo suavemente la puerta y las dos voltean enseguida. Una sonrisa se les escapa al verme.
«Dios, qué déjà vu», pienso. Es como volver a mis días de adolescente, cuando Mish y Zeth eran solo unos niños. Extraño esos tiempos... y se siente extraño revivirlos en circunstancias tan diferentes. Ya no soy aquella chica que ellos veían como un ángel, ahora soy una mujer intentando salir de un agujero muy profundo.
—¿No pueden dormir? —pregunto en voz baja.
Ambas niegan con la cabeza, así que entro y me siento en la cama de Agatha. Le hago una seña a Naia para que se acerque, y lo hace de inmediato.
—¿Saben? Cuando sus papás eran niños, les encantaba que les contara historias. Siempre inventábamos aventuras en los bosques, y después yo creaba un cuento con todo eso, solo para ellos.
—¿Tú conociste a los lobos? —pregunta Agatha con emoción.
—¡Por supuesto! Tengo muchas historias de esos cachorros.
Las dos sonríen encantadas y se recuestan sobre mí. Respiro hondo, conteniendo la nostalgia que me golpea el pecho.
Paso la siguiente media hora con ellas, contándoles historias hasta que se quedan dormidas. Con cuidado me levanto y, antes de cerrar la puerta, las miro una última vez. Parece que todavía tengo el toque con los niños.
Bajo las escaleras. Voy por un poco de agua antes de acostarme. Una ráfaga de viento se cuela por el pasillo y me hace estremecer. Me abrazo a mí misma y camino hacia la puerta principal. Está abierta.
Cuando me acerco para cerrarla, distingo una figura sentada en las escaleras del porche.
—¿Kaelyne? —ella voltea—. ¿Tu mamá sabe que estás aquí? —pregunto.
—Sí, está con la bebé. Yo solo necesitaba aire —responde.
—Oh, ya veo.
Dudo un momento. No quiero simplemente dejarla ahí, así que me siento a su lado. Permanecemos en silencio un rato, observando el cielo oscuro.
—¿Te cuesta dormir? —le pregunto con suavidad.
—Un poco —responde.
—¿En qué piensas cuando vas a dormir? ¿Qué temes? —indago.
—No lo sé... —susurra, soltando un suspiro.
Bien. Si quiero ayudarla, tengo que ganarme su confianza. Ella no lo sabe, pero entiendo perfectamente por lo que está pasando.
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#5 La Red
ActionHan pasado seis años desde Sonidos Mudos, pero sus vidas siguen marcadas por secretos, pérdidas y decisiones que no eligieron. La Red de Athenas sigue acechando, implacable, y esta vez sus víctimas ya no son indefensas. Son sobrevivientes. Luchadore...
