Seis años después de vencer a sus peores demonios, la paz que tanto les costó conseguir está a punto de hacerse añicos. Cuando una nueva ola de secuestros revela que la temida organización Athenas nunca desapareció realmente, los protagonistas deber...
Cuatro meses. Ese es el tiempo que ha pasado desde que regresamos a casa, al hogar que formamos desde las cenizas. Tuve que quedarme una semana más en el hospital cuando llegamos a Hawái, y aunque ya estoy bien, no soy la misma mujer de antes.
Aún tengo mareos, mi fuerza ha disminuido y mi resistencia no es la de antes. A veces me frustra, pero sé que la recuperación es un proceso lento, y debo tener paciencia. Sigo viva, y eso es lo que más importa. Por un momento, llegué a pensar que nunca volvería a ver a mi familia. Ahora tengo la oportunidad de abrazar cada mañana a mi esposo, a mi hija, a mi hermana. Eso lo es todo para mí. No puedo pedir más.
Hoy me he sentido mejor, así que aproveché para ordenar algunas cosas en nuestra habitación. Tomo el pequeño álbum de fotos de nuestra boda que descansa sobre mi mesa de noche. Hacía años que no lo abría; incluso había olvidado que seguía allí. Nuestra ceremonia fue en una playa solitaria, privada, bañada por el resplandor anaranjado del atardecer. Fue pequeña, íntima y tan perfecta que cada vez que la recuerdo, siento que el corazón se me llena de una calma cálida, de esas que no se olvidan. Observo una fotografía mía, con mi vestido blanco sin mangas, el viento moviendo suavemente mi cabello y ese buqué de rosas blancas que parecía hecho para mí.
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Mishaal estaba increíblemente apuesto. Tenía esa mirada profunda, cargada de amor y ternura, la misma que me hace sentir a salvo. Con su camisa beige y la chaqueta negra, parecía otro hombre, muy distinto al universitario oscuro y sombrío que conocí tiempo atrás.
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Suspiro. La alegría que me trae el recuerdo pronto se mezcla con un peso dulce y triste. La nostalgia siempre termina ganando, sobre todo cuando miro las fotos y vuelvo a ver esa sonrisa que ya no está con nosotros.
Mi querida Cleo. En una de las fotos aparece ella, sosteniendo a mi pequeña Naiara en brazos durante la boda. Se veía preciosa, con su vestido azul y el cabello alborotado como siempre, irradiando esa energía única que llenaba cualquier lugar donde estuviera.