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Deepness Bauer
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Esto es un desastre. Los hombres de Liosha nos emboscaron. Elize y yo acabamos con la mayoría, pero sé que todavía hay uno o dos más rondando por la zona, y el mismo Liosha está cerca.
Se suponía que el arresto iría con más calma, pero parece que alguien nos traicionó. La reacción que tuvieron algunos de los hermanos Blein indica que estaban prevenidos... en especial Liosha.
Avanzamos con sigilo por el pasillo. Elize tiene una herida en la pierna, así que no puede moverse con rapidez. No fue de mi agrado tener que trabajar con ella, pero no hemos hecho mal equipo. Ya pedimos refuerzos, aunque las cosas se han complicado en varios arrestos. Lo último que escuché en mi audífono es que Evalia, la madre de Ávalon, resultó herida.
—¿Puedes continuar? —le pregunto a Elize.
—Estoy bien —afirma, aunque jadea de dolor.
—Podemos ocultarnos mientras llegan refuerzos —sugiero.
—No pienses que soy una debilucha. Yo soy la agente a cargo, y arrestaremos a ese maldito —responde con prepotencia.
Suspiro y niego con la cabeza. Con esa actitud no llegaremos a nada. La sujeto del brazo para detenerla y hago que me mire.
—Escucha, Elize, ese hombre es el culpable de todo lo malo que me ha pasado en la vida. Si hay alguien que quiere hacerlo pagar, soy yo. Pero tenemos que ser realistas. El que estés herida no te hace débil, pero sí nos pone en desventaja. No me quedan muchas municiones, y esto no vale el riesgo.
Elize sabe que tengo razón, pero su orgullo la vence. —Seguiremos —ordena, soltándose de mi agarre antes de avanzar.
No tendría por qué seguirla, pero no puedo dejarla sola. Ella tal vez no tenga nada allá afuera, pero yo sí tengo mucho que perder.
Salimos del pasillo y entramos a un bar privado. Está vacío, las luces parpadean, y el olor a pólvora se mezcla con el del alcohol derramado. Nos separamos un poco, avanzando en silencio, revisando cada rincón. Liosha y el hombre que lo acompañaba vinieron en esta dirección.
—¡Deepness! —escucho el grito de Elize, y apenas logro voltear cuando oigo el disparo.
Vuelo hacia atrás y caigo sobre mi costado con un dolor agudo. Elize está encima de mí. Ella me ha empujado y se deja caer a un lado. Alcanzo mi arma y disparo tres veces al sujeto antes de que pueda reaccionar.
Me acerco, le quito el arma y confirmo que está muerto. Gracias a Dios, no tengo heridas. Pero cuando volteo hacia Elize, el aire se me va del cuerpo.
—Elize... —susurro, arrodillándome a su lado. La cantidad de sangre que brota de su costado es alarmante.
—Tenemos que movernos... a un lugar seguro —jadea, apenas logrando hablar—. Allá... hay una habitación. —Señala con la mano temblorosa.
La rodeo con mis brazos y la arrastro hasta allí. Ella gime una y otra vez, tratando de ahogar el dolor. La dejo caer con suavidad al suelo y me quito el suéter, atándolo sobre su herida en un intento de detener la hemorragia.
—¿Alguien me escucha? —hablo al audífono, desesperada—. Estamos en el ala este, en una habitación del bar Dulcinea. Hirieron a Elize, es muy, muy grave. ¡Necesitamos ayuda ya!
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#5 La Red
ActionHan pasado seis años desde Sonidos Mudos, pero sus vidas siguen marcadas por secretos, pérdidas y decisiones que no eligieron. La Red de Athenas sigue acechando, implacable, y esta vez sus víctimas ya no son indefensas. Son sobrevivientes. Luchadore...
