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Magda Dass
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Observo el papel que Adrika me dio: es la ubicación de la oficina de Priamo dentro de la casa.
—Jeray —lo llamo a través del audífono.
—Maggie —responde—. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Necesito que hackees las cámaras de seguridad de la casa y me guíes para llegar a la oficina de Priamo. Está en el lado este de la casa, una puerta de seguridad color beige.
—Sencillo, dame unos segundos.
—Buscaré un momento conveniente y volveré a contactarte —le digo.
—Hecho.
Regreso a la fiesta y acepto bailar una canción con James.
Priamo y Ionela son llamados por algunos reporteros; mientras ellos reciben fotografías y conceden entrevistas, esta es mi oportunidad. Me escabullo por uno de los pasillos.
—¿Estás? —le pregunto a Jeray a través del audífono.
—Estoy —responde—. Tengo las cámaras cubiertas, avanza por el pasillo a tu izquierda, ve despacio hasta el siguiente cruce y aguarda; tengo un punto ciego.
Hago lo que me dice. Es irónico: colocaron cámaras en su casa pensando que eso los mantendría a salvo, y es precisamente lo que facilita robarles.
—Escucho movimiento, unos pasos viniendo del corredor —le informo—. Saco mi polvo para el rostro y, con el espejo, logro ver a un sujeto vigilando el pasillo—. ¿Tienes otra ruta?
—Regresa y cruza hacia la derecha, encontrarás una puerta corrediza. Entra allí y luego cruza al segundo pasillo —responde.
Hago lo que me indica, intentando hacer el menor ruido posible con la puerta, dejando todo tal como estaba.
—Sube los escalones, cruza a la izquierda, es la segunda puerta.
Parece una puerta de seguridad: tiene entrada electrónica y una pequeña pantalla para ingresar contraseña. Saco de mi bolso lo que parece un espejo pequeño de dama, pero en realidad es un instrumento para descifrar códigos. Lo coloco frente a la pantalla, una luz roja lo escanea, se enciende la pantalla y se escucha un pequeño pitido: se pone verde.
«Perfecto». Abro la puerta despacio y automáticamente la luz se enciende. Cierro detrás de mí y examino el lugar: es una oficina amplia, con hermoso mobiliario de cuero y madera. Me dirijo directamente a la computadora, la enciendo y conecto el pendrive.
—Tu turno —le digo a Jeray.
—Lo tengo, comenzaré a copiar. Cuando veas que llegue al 100 %, sal de ahí —me dice.
Los archivos se cargan con rapidez; ya van por el 75 % y apenas han pasado unos minutos.
—Maggie —me llama—. Tendrás compañía.
«Me lleva...»
Me coloco detrás de uno de los estantes justo cuando la puerta se abre y se cierra.
—No tienes que ocultarte, te vi entrar —dice ella.
—No está armada —me informa Jeray.
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#5 La Red
AcciónHan pasado seis años desde Sonidos Mudos, pero sus vidas siguen marcadas por secretos, pérdidas y decisiones que no eligieron. La Red de Athenas sigue acechando, implacable, y esta vez sus víctimas ya no son indefensas. Son sobrevivientes. Luchadore...
