Beverly Hills
Los Ángeles, California
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Luna Blair
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Hemos vuelto.
Nuestra casa, el hogar que con tanto esfuerzo formamos, el lugar donde recuperamos las esperanzas perdidas, ahora se siente extraño, ajeno, como si hubiera cambiado mientras no estábamos.
Hace poco salimos de aquí en medio del peor escenario imaginable. Recuerdo aquel día con una claridad dolorosa: tomé las maletas, a mis hijos, y salí corriendo como lo haría cualquier madre desesperada tratando de salvarlos. Desde entonces, cada día fue una montaña rusa emocional, una prueba constante de resistencia.
Me miro en el espejo y entiendo que lo desconocido no es la casa... soy yo. Somos nosotros. Nuestra familia está herida, asustada, confundida, incluso ahora que todo lo malo parece haber terminado.
Este hogar, que construí junto a Jay, era mi refugio, mi espacio de paz. Saber que hoy no me siento segura ni tranquila en él me llena de dolor y pánico.
Suspiro y recojo mi cabello en una coleta alta. El reflejo que me devuelve el espejo parece el de alguien que envejeció diez años en solo unos días.
La angustia del secuestro de Kaelyne, la incertidumbre de no saber cuándo podríamos volver, o si realmente cumplirían su objetivo de destruir la red... todo eso dejó marcas. Y a eso se suma tener una bebé de pocos meses pegada a mi pecho, o extrayéndome leche sin parar, durmiendo poco o nada, con otra pequeña en plena etapa de descubrimiento, dos adolescentes asustados y dos niñas lejos de sus padres. Todos con miedo, todos llenos de preguntas sin respuestas.
Estoy agotada. Emocional y físicamente agotada.
Volvimos a casa en Beverly Hills hace casi una semana. Agatha y Naiara siguen con nosotros mientras sus padres terminan los asuntos pendientes. Aún me cuesta asimilar que Elize y Cleo hayan muerto. Pudo haber sido cualquiera de ellos... y esas pequeñas habrían quedado solas en el mundo. Pudo haber sido nosotros. Estuvimos muy cerca.
Sus muertes pusieron muchas cosas en perspectiva. Siempre fui crítica con quienes trabajan para la ley, y sí, hay corrupción, hay errores, hay prejuicios. Pero también hay muchos que salen a las calles a arriesgarlo todo, a hacer sacrificios impensables por personas que ni siquiera los conocerán o los valorarán. En lo que a mí respecta, estaré en deuda con ellos el resto de mi vida.
Salgo de la habitación y camino hacia la sala. Desde aquí puedo ver el patio, donde todos conversan antes de marcharse. Han venido a buscar a las niñas; estos días pasaron más tiempo con Romy que aquí, y ahora es momento de que regresen a casa.
El ambiente es tranquilo, casi cálido. Todos sostienen bebidas, riendo suavemente entre ellos, tratando de recuperar un poco de normalidad. Yo me tomé un rato para darme un baño y recomponerme; anoche no dormí casi nada. Jade se despertó al menos seis veces, y Jay pasó la mitad de la noche atendiendo a Storm, que tampoco ha logrado descansar bien desde que volvimos.
—Señora Ross —me llama Missie, una de nuestras ama de llaves, desde la entrada.
—¿Sí? —pregunto, girándome hacia ella.
—Su amigo, Mickey Nichols, ha llegado.
—Hazlo pasar, por favor, y gracias, Missie.
Ella asiente con una sonrisa amable y se retira.
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#5 La Red
ActionHan pasado seis años desde Sonidos Mudos, pero sus vidas siguen marcadas por secretos, pérdidas y decisiones que no eligieron. La Red de Athenas sigue acechando, implacable, y esta vez sus víctimas ya no son indefensas. Son sobrevivientes. Luchadore...
