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Vanesa Rein
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«El fusil impactó en la parte baja del vehículo, creando una explosión que lo sacó del camino; giró dos veces sobre sí hasta estrellarse contra un árbol. Cuando Mishaal recuperó la conciencia, sintió los autos pasar en dirección a donde estaba Jeray. No sabe cuánto tiempo transcurrió antes de que Brice llegara con la ambulancia, él no podía moverse...» repito una y otra vez la explicación de los hechos en mi mente.
Sin embargo, mientras más lo hago, más parece una película de terror que la realidad. A nosotros también nos siguieron, pero de un segundo a otro todos los autos cambiaron de dirección, como si hubieran recibido una orden. Supieron en qué vehículo iban Ileana y Henry, y se fueron tras ellos.
Sé que no podíamos salir ilesos, no cuando estamos enfrentando a una organización tan poderosa. Pero ¿por qué mi hermana? ¿Por qué Clay? ¿Por qué Mishaal y Jeray?
Me abro paso casi corriendo por el pasillo del hospital, con el corazón latiendo tan fuerte que me duele. El aire huele a desinfectante y a miedo. Mi respiración es entrecortada, la garganta me arde de tanto contener el llanto.
Entro al área de emergencias y miro a mi alrededor con desesperación, buscando rostros conocidos entre el caos de batas blancas, camillas y luces brillantes.
«Tienen que estar bien, por Dios, tienen que estarlo», me repito una y otra vez.
—Necesito información, por favor —le suplico a una enfermera, pero mi voz suena lejana, débil, rota.
Entonces lo veo.
Jeray está sentado en una de las sillas, con los codos apoyados en las rodillas, la mirada perdida en el suelo. Por un segundo mi cuerpo se paraliza, y luego corro hacia él sin pensar.
Cuando me ve, se pone de pie y me recibe en sus brazos. Me aferro a él con fuerza, sintiendo su cuerpo caliente, su respiración agitada, su corazón latiendo contra el mío.
—Estás vivo —susurro, casi sin aire—. Estás vivo...
—Estoy bien —responde en voz baja, sosteniéndome con cuidado, como si temiera que me quebrara.
Me separo apenas para mirarlo. Tiene un gran corte en la frente, ya suturado; el brazo completamente vendado y moretones por todo el cuerpo. Su ropa está cubierta de sangre seca.
—¿Har...? ¿Mish... Clay? —pregunto, con la voz temblorosa, temiendo su respuesta.
Jeray traga saliva, su mirada se oscurece. —Nesa...
—¡Solo dímelo! —grito, sin poder controlarme.
—Mishaal está bien —responde al fin—. Tiene un golpe en la cabeza, pero sus heridas son superficiales. Aún le hacen estudios. —Suspira, me toma el rostro entre sus manos, y su tono se vuelve más suave, aunque quebrado—. Harmony y Clay están en cirugía. Es grave. Un trozo de metal atravesó el vientre de Clay... y Harmony recibió un golpe en la cabeza, fuerte, contra el vidrio. No ha despertado. Están haciendo todo lo posible. Solo podemos esperar, ¿entiendes, nena?
Mis piernas tiemblan, el suelo se desvanece bajo mí. Toda la sangre parece drenarse de mi cuerpo. Siento frío, tanto frío, que ni siquiera puedo llorar al principio. Luego las lágrimas comienzan a caer sin control, pesadas, silenciosas.
Jeray me acerca de nuevo a él. Me dejo caer en su abrazo, enterrando mi rostro contra su pecho. Su respiración es lenta y profunda, como si estuviera conteniéndose para no quebrarse también.
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#5 La Red
ActionHan pasado seis años desde Sonidos Mudos, pero sus vidas siguen marcadas por secretos, pérdidas y decisiones que no eligieron. La Red de Athenas sigue acechando, implacable, y esta vez sus víctimas ya no son indefensas. Son sobrevivientes. Luchadore...
