Capítulo 33

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Deepness Bauer

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           Cleo se fue a apoyar a los agentes que van tras Príamo, y Zeth se marchó con su padre a cerrar cuentas pendientes. Mientras tanto, Brice y yo nos acercamos a donde está Phineas Blein; no hay ni un solo hombre en todo el lugar, lo cual resulta extrañísimo: Phineas siempre va rodeado.

Finalmente escuchamos voces. Nos detenemos con sigilo tras unas escotillas de ventilación y nos quedamos quietos, escuchando.

Olivia y Phineas están en lo que parece un salón de reuniones. Por la postura de ambos se intuye que discuten; el eco del espacio hace que sus voces se oigan claras. Brice y yo permanecemos en silencio, atentos a cada palabra.

—¿Cuál era tu objetivo? —le exige ella—. ¿En qué iba esta patraña del testamento?

El anciano ríe mientras bebe un vaso de whisky. Su figura siniestra e imponente encaja con el papel de dueño de una organización de tráfico internacional: cabello y barba blancos, traje caro, reloj de oro en la muñeca.

—Tengo que nombrar un sucesor —responde—, y sabes que el único capacitado es Príamo. Esto solo fueron estrategias para mantenerlos ocupados mientras organizaba todo.

—¿Y ahora qué? ¿Solo huirás en tu bote mientras los matan y se los llevan a todos? —cuestiona Olivia, con dolor en la expresión.

—Si no pudieron con un grupo de oficiales, no me sirven para nada —asegura él con frialdad.

Habla de ellos como si no fueran nada, como si no los hubiese tomado siendo niños, criado y protegido por más de cuarenta años. ¿Cómo puedes mirar a alguien crecer y no importarte?

El zumbido de un helicóptero comienza a resonar en el aire. Phineas sonríe satisfecho; la sonrisa no le dura a Olivia: su gran fachada se quiebra y sus ojos muestran dolor e ira.

—Jamás te importaron ni un poco —dice ella, con voz seca.

—Olivia —responde él, como si estuviera cansado—, puedes dejar tu dramatismo a un lado. Sabes que siempre lo he odiado; esa debilidad tuya es repugnante. Ahora, camina si quieres venir conmigo.

Él se dirige a la terraza, pero las palabras de Olivia lo paran.

—¿Debilidad? Todos los hijos que tú criaste están muertos o presos, pero los míos no.

Phineas se vuelve, el ceño fruncido en una mezcla de confusión e incredulidad. Olivia se mantiene firme, con la cabeza en alto. Pasa apenas un minuto cuando la puerta del ascensor interno se abre.

Bajan Dima, Adrika y Jona. Brice y yo nos miramos un segundo y volvemos a prestar atención. Si Athenas colapsaba, sería por culpa de los suyos: "Divide y vencerás" había sido su jugada maestra, aunque Phineas, sin proponérselo, cavó su propia ruina.

—Grandioso —suspira Phineas, y saca su arma apuntando a Jona—. Te dije que no quería volver a ver delante de mí a este bastardo.

Olivia reacciona en un chasquido. Saca un arma pequeña del bolsillo de su pantalón y, sin pensarlo, le dispara en la pierna a Phineas. Él cae al suelo gimiendo. Ella se acerca, le quita el arma y se agacha frente a él.

—El único hijo que mi cuerpo pudo dar a luz y tú lo convertiste en un simple esclavo, solo por no ser tuyo. El resto tampoco lo eran y aun así los tomaste a tu cuidado. Pero, ¿sabes? Agradezco que creciera lejos de ti. Ahora no voy a dejar que sigas destruyendo a mis hijos.

#5 La RedDonde viven las historias. Descúbrelo ahora