Capítulo 31

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Ávalon Pitt

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El tiempo parece avanzar con una lentitud desesperante. Cleo y yo esperamos en el pasillo de las habitaciones, vestidas como parte de la tripulación. Solo necesitamos la orden de Brice para comenzar nuestro trabajo.

Siento un peso en el pecho que hace que me cuesta respirar. Las emociones se mezclan dentro de mí, como una tormenta que lleva años formándose. Pasé tanto tiempo intentando convencerme de que mi madre estaba muerta... era más fácil pensar así que imaginarla atrapada en ese mundo oscuro donde crecí. Pero ahora está aquí, a tan solo una puerta de distancia, viva.

Voy a verla después de tantos años y no tengo idea de cómo reaccionará, ni en qué estado mental se encuentra.

—Jeray está hablando —susurra Cleo, señalando su audífono.

Me doy cuenta de que olvidé colocarme el mío. Lo hago con manos torpes, mientras ella escucha atenta la comunicación. Sé lo que espera oír: que Jeray logró sacar a Magda. La tensión se le nota en la mandíbula.

Entonces Brice responde, y la voz de Magda suena a través del canal. Cleo suelta un jadeo de alivio y sonríe, sus hombros se relajan. Le devuelvo la mirada y asiento con una leve inclinación de cabeza. También me alegra que Magda esté a salvo.

—Tenemos autorización de Brice —dice Cleo, mirándome—. ¿Lista?

Suspiro. —Supongo que sí.

Bien. Esto es lo que tengo que hacer. Tomo las toallas del carrito y avanzo hasta la puerta. Toco dos veces.

—Hola, servicio a la habitación —anuncio.

Pasan unos segundos sin respuesta. Miro a Cleo con impaciencia, pero ella me hace un gesto con la mano para que me calme. Respiro profundo y vuelvo la vista hacia la puerta. Un minuto después, escucho esa voz que creí perdida para siempre.

—¡Adelante! —grita desde adentro.

El sonido me paraliza. No puedo recordar la última vez que la oí, pero sigue tan viva en mi memoria como si hubiera sido ayer. Con las manos temblorosas, abro la puerta y entro, cerrándola detrás de mí.

—Le traje toallas nuevas —digo, caminando hacia el interior.

Y ahí está.

Evalia Pitt, mi madre, sentada frente al espejo. Su mirada es fría, vacía, mientras se retoca el cabello. Está arreglada, elegante... pero el cansancio en su rostro revela los años, las heridas que el tiempo no ha podido disimular.

 pero el cansancio en su rostro revela los años, las heridas que el tiempo no ha podido disimular

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—Colócalas en el armario —ordena sin mirarme.

Debería obedecer, pero no puedo moverme. Solo me quedo de pie, mirándola, tratando de asimilar que realmente está viva. Sobrevivió.

#5 La RedDonde viven las historias. Descúbrelo ahora