Capítulo 28

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Magda Dass

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Unos días atrás...

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—Entonces, si Olivia tampoco sabe dónde será esa dichosa reunión, y no logramos comunicarnos con Teller, ¿cómo demonios actuaremos? —pregunto, la voz me sale cortada por la tensión.

Todos guardan silencio; el obstáculo es grande y el reloj nos aprieta. Estamos reunidos como equipo, afinando los últimos detalles del arresto a Athenas, y cada segundo cuenta.

—Tal vez pueda ayudarlos —dice Ileana, apareciendo por la puerta con paso cauteloso.

—¿Qué hace esta niña escuchando tras los muros? —reclama Elize con desprecio.

—Primero que nada, no soy una niña —responde Ileana sin inmutarse—, y segundo —mira a Brice con firmeza—, creo que puedo ayudar, en serio.

—Te escuchamos —contesta Brice, indicándole con la mano que entre.

Ileana avanza un par de pasos y se ubica en el centro del grupo; sus ojos no dejan de buscar la aprobación de Brice. Sabe que de él depende todo.

—Cuando escapamos con Magda —comienza, con la voz baja—, no fui totalmente honesta. La verdad es que la única forma de irnos fue decirle a mi madre que un agente me había contactado para pedirme información. Le dije que yo iba a fingir ayudarlo para averiguar qué buscan y qué saben de ella.

—Traidora —susurra Elize, pero Brice la corta con un gesto para que guarde silencio.

Ileana niega con los ojos y sigue hablando. —Ella aceptó, pero después de que me fui tiré el teléfono con el que nos comunicaríamos y desaparecí. Solo dije eso para poder escapar, se lo juro.

—¿Cuál es tu idea? —pregunto directo.

—Ionela sabe dónde será esa reunión —dice Ileana con convicción—. Apuesto lo que sea a que irá. Si me dejan volver con ella, puedo convencerla de que me deje acompañarlos. Con un rastreador podrán seguirme.

Se hace un silencio denso. Confiar en ella siempre ha sido arriesgado, pero por alguna razón mi intuición me empuja a creerle, incluso ahora.

—¿No estamos considerando esta locura, verdad? —interviene Elize—. Podría seguir mintiendo y llevarnos a una trampa.

—Ileana, ¿cómo sugieres volver con tu madre? —pregunta Zeth, serio.

—Tiene que parecer que escapé de ustedes —explica—. Estoy segura de que me buscará en cualquier momento. Ustedes la subestiman; es muy inteligente y debe estar desesperada por encontrarnos. Cuando pase, puedo dejarme atrapar.

—Podríamos ponerle el mismo rastreador en el brazo que usaron conmigo —propone Deep.

—¿Es en serio...? —resopla Elize.

—¿Tu madre será capaz de confiar en ti? —interrumpe Brice, clavando la mirada en Ileana.

—Brice —replica Elize, pero yo ya no lo soporto.

—¡Dios, Elize, supéralo! —exclamo sin quererlo, mi impaciencia sale en voz alta.

Parece que lo dije más fuerte de lo debido; mis pensamientos siempre terminan por imponerse. Ahora no hay tiempo para egoísmos: debemos considerar cualquier opción, por loca que suene.

#5 La RedDonde viven las historias. Descúbrelo ahora