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—El tío Wayne los llevará a sus casas, me dijo que te avisara —le informé a Eddie al momento de ingresar a su habitación, él permanecía con los brazos cruzados por detrás de su cabeza, enfocado en el techo como si estuviera pensando en algo. Apenas me escuchó, su mirada cayó sobre mi.
Después de habernos informado que tomaría una ducha, no volvió a la sala y esto nos hizo creer que se había quedado dormido. Nadie quería arriesgarse a llamarlo. De hecho le tenían miedo, porque despertar a Eddie sin su consentimiento, era como molestar a un oso en plena hibernación.
—Que lástima, ya no alcancé a despedirlos de beso—respondió con un falso pesar.
—Eres un tonto —musité divertida cerrando la puerta detrás de mi. Él no sonrió, ni siquiera me siguió el juego con sus comentarios sarcásticos—. ¿Sucede algo?
—Meh, ven, acuéstate—señaló con la mirada el lado izquierdo del colchón.
Primero me senté en la orilla de la cama, observándolo detalladamente. Pero sus cabellos revueltos no me dejaban enfocarme en aquellos ojos brillantes que tanto me miraban con amor. Estiré mi brazo y comencé a removerle los cabellos hasta dejarle la frente libre de alguno. Después me acerqué y plasmé un cálido beso en ella.
—Pareceré una completa nenita, no me gustaría ser la burla andante —sacudió su cabeza volviéndose a despeinar, esto me hizo cerrar los ojos al sentir un cosquilleo en el rostro— mucho mejor.
—Como sea, me gustas en todos los aspectos —me acosté a su lado, abrazándolo por la cintura. Él resopló por la nariz mientras liberaba uno de sus brazos para rodearme el hombro.
—¿A quién crees que mate primero?, ¿a ti o, a mi?
Su pregunta me hizo alzar la cabeza abriendo los ojos muy notorios.
—¿Eh? ¿de que estás hablando?
—De Dustin, él querrá matarnos, apuesto que lo hará sin piedad —soltó una risa al notar mi gesto de relajación.
—No lo se, espero que podamos negociar con él. Si la grabadora no tiene solución le compraré otra, y ya está —volví a recargarme en él— menos mal las cintas quedaron grabadas.
—Menos mal —suspiró con alivio.
—Edd, gracias por lo que hiciste... aunque, sigo pensando que no debieron arriesgarse de esa manera.
—Teníamos el juego a nuestro favor, siempre ha sido así.
—Si, pero nunca se sabe cuando jugarán sucio.
—Esos idiotas ni neuronas tienen. ¿Tú crees que perderemos contra ellos? nah, no lo creo —chasqueó la lengua—. Sin su capitán no son nada, y él no es nada porque está como un maldito excremento seco.