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—¿Segura que si era la voz de mi madre la que respondió el teléfono? ¿si marcaron bien?
—Que si, y si. Mamá llamó a tu casa y me pasó el teléfono para avisarle a tus papás que estabas dormida. Así que, deja de preguntar lo mismo, o me harás desviarme de la carretera.
—Lo siento —inflo mis mejillas con aire.
—Sabes que no pasa nada, lo hago porque eres mi mejor amiga y te quiero.
—¿Crees que Eddie esté despierto?
—¡Ja! él no conoce el sueño.
Atravesamos el letrero de forest hills, bajando la velocidad del vehículo para no alertar a los vecinos que probablemente estén durmiendo cómodamente. Chrissy aparca el auto, detrás de la furgoneta de Eddie, apagando el motor.
—¿No vendrás? —cuestiono al salir.
—Dije que no me metería más en sus asuntos —se recuesta sobre el volante girando su cabeza para mirarme con los ojos cansados— además, no piensas tardar ¿o si?
—Para nada, será mejor que me de prisa.
Cierro la puerta, avanzando hasta lograr subir las escaleras. Pensando una y otra vez, sobre cómo empezar con las disculpas o simplemente lanzarme a besarlo, como zombie hambriento.
Mejor lo último no. Capaz se asusta y me echa a guitarrazos.
Toco la puerta con suavidad, aumentando los golpeteos al ver que no hay rastro de él. Vuelvo a bajar las escaleras para asomarme en una de las ventanas que se encuentra semi descubierta, únicamente se logra apreciar la iluminación de la sala.
¿Será que sabe que soy yo, y no quiere abrirme?
Como necia es mi segundo nombre, vuelvo a subir las escaleras y esta vez me aseguro de tocar con el puño. Perdón, vecinos. En seguida alguien arrastra los pies del otro lado y se escucha claramente que se golpea la frente con la puerta, después exclama un "ayayay" con desesperación.
Mierda, estaba profundamente dormido, mejor me hubiera esperado hasta mañ...
—Hola —Lo saludo al verlo salir.
—¿Que haces aquí?
No respondo, así como tampoco cumplo la regla de "no besarlo como si fuera un zombie" porque me balance sobre él, haciendo la unión instantánea de nuestros labios, que lo hacen retroceder nuevamente hacia los adentros de su casa, entonces pateo la puerta para cerrarla y me dejo guiar, hasta que ambos caemos encima del sofá, donde sigo besándolo con hambre y desesperación porque sus labios son malditamente deliciosos.
Eddie me sostiene el rostro con las manos y me aparta, para regularizar su respiración y contemplarme con una mirada indescifrable, susurrando mi nombre.