[39] Eddie el inocente

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❝Si hubiera sabido que aquel día sería el último en volver a verte, te hubiera abrazado con más fuerza ❞

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Si hubiera sabido que aquel día sería el último en volver a verte, te hubiera abrazado con más fuerza


Cuatro paredes rodeándome y una cubeta de metal, eran lo único que tenía además de una colchoneta vieja con olor a humedad almacenada. Desconocía exactamente cuantos días habían transcurrido desde que me trajeron aquí. No existía ninguna ventana o agujero que me dejara percibir el exterior.

Abracé mis rodillas hundiendo el rostro sobre las mismas, sollozando en silencio e implorando que Eddie se encontrara con vida, y salvo. «Ay mi freak ¿dónde estás ahora?»

De tanto llorar concilie el sueño y me quedé profundamente dormida.

Horas más tarde la puerta de madera se abrió de golpe. Rápidamente elevé la mirada, removiéndome hacia el rincón; sin dejar de abrazar mis piernas
flexionadas.

Él se desplazaba como una maldita plaga que marchitaba el jardín a cada paso que daba. Permaneciendo con las manos entrelazadas por detrás de su espalda baja, evitando perder la cordura mientras se acercaba.

Cuando se detuvo frente a mi, lanzó los casettes al suelo. Temblé del miedo cerrando los ojos al escuchar el impacto; dos de ellos se quebraron como cristales frágiles. Se arrodilló lentamente para tomar uno de los cartuchos completos y después estamparlo contra la pared.

—¿Creíste que podías subestimarme tan fácil? —tomó el otro y también lo estampó— ¿Qué dijiste ____? ese hijo de perra es un estúpido —agarró los restos del otro y también los lanzó, algunos de ellos me golpearon el hombro y rozaron la mejilla— ¡un imbecil! —espetó ladeando la cabeza sin dejar de mirarme con furia.

—Y no me arrepiento de pensarlo, señor Carver—anuncié con un toque de acidez en mis palabras, no quería mostrarle miedo. Si iba a morir, quería irme a la tumba con esa satisfacción de enfrentarlo cara a cara —. ¿Por qué yo? ¿que es lo que quieren de mi?

—Yo nada, no me sirves como tal. Solo a mi hijo —empuñó su mano en mi cabello para alzarme la mirada—. Eres como una muñeca de colección, solo mírate, él te escogió porque le gustaste. Y antes de que repliques algo, recuerda que el hombre siempre tendrá más derecho que la mujer, grábatelo muy bien—gesticuló lo último con las cejas alzadas—. No eres más que un negocio de tu padre. Y una puta niñata sin escape —presionó el agarre en mi cabello—. Sobre tu amante... ¿cómo es que se llama el sobrino de Wayne? —se hizo el pensativo—ah, si, Eddie, él dejó de ser un obstáculo para nosotros.

—¿Dónde está Eddie? —titubeé soltando un ligero quejido porque el maldito anciano cada vez estrujaba mi cabello, como si quisiera arrancarlo del cuero cabelludo—. ¡¿Qué le hicieron?!

𝐑𝐨𝐜𝐤𝐞𝐭 𝐪𝐮𝐞𝐞𝐧 ~𝘌𝘥𝘥𝘪𝘦 𝘔𝘶𝘯𝘴𝘰𝘯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora