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Eddie.
El sonido de un televisor encendido fue lo primero que percibí al recobrar el sentido auditivo. Un coro de risas se hizo presente a la lejanía, debido a los malos chistes que el conductor estaba anunciando en su programa. Los párpados me pesaban para abrir los ojos, sentí una extrema punzada en la cabeza, maldije y me rendí sin éxito. ¿En donde diablos estoy?
Dejé pasar unos segundos para soltar una exhausta respiración, como mis labios estaban completamente secos los tuve que saborear para humedecerlos.
Nuevamente hice un segundo intento para abrir los ojos y esta vez no fracasé, con la visión borrosa logré distinguir una pequeña silueta a mi lado como si se tratara de un niño. Y lo era, porque al momento de darse cuenta que desperté, se levantó del suelo e inmediatamente se dispuso a correr.
—¡Mocoso, vuelve aquí! —intenté detenerlo pero él solo asomó la cabeza sobre del umbral de la puerta. Parecía estar aterrado de verme.
Corrección, ambos estábamos aterrados de vernos.
—Migueeeel, ven a comer —una mujer lo llamo por su nombre. El mocoso me dedicó una ultima mirada antes de perderse por el pasillo.
Me froté los ojos antes de admirar cada rincón del interior. Era una habitación con cuadros de pinturas sobre la pared, un ropero gigante con un espejo en una de sus puertas y una pequeña mesa vacía. Muy feo todo. Me di cuenta que no tenía nada que ver a la de un hospital, intenté hacer memoria para recordar en como rayos llegué a este lugar con olor a madera vieja y música country. El rostro me palpitó como si tuviera algunas lesiones de primer grado, y las extremidades ni se digan.
Me quedé como imbecil mirando el techo, hasta que escuché pisadas sobre el pasillo. De seguro el mocoso fue de chismoso y ahora vendrán a matarme. Muy bien, tengo tres opciones; o me hago el dormido y espero a que la persona se retire nuevamente, o me hago el dormido y termino sorprendiendo a la persona para que me deje ir por las malas, o me tiro de la ventana que me queda a unos cuantos metros.
Lo pensé rápido y terminé eligiendo la tercera opción, porque lanzarse de una ventana es los más esencial para estos casos. Me levanté de la cama dejando que la cobija resbalara al suelo y empecé a cojear en dirección de mi salida emergente. Sin embargo, me tensé al escuchar una taza de porcelana quebrarse en el suelo. Intenté no mirar atrás pero ya era tarde porque inconscientemente me había girado y encontrado con unos ojos profundos, totalmente distintos a los de mi ______.
Era una chica.
Una chica que se cubrió la boca cuando me vió.
No me quitaba la mirada de encima, ni yo a ella.
—¿Qué? —fruncí el entrecejo sin dejar de retroceder a la pared.
Ella se quedó inmóvil sonrojándose, con el pecho subiendo y bajando.