[1] Corroded Coffin

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—Sabía que venir al escondite sería el mejor lugar para festejar otra victoria más

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—Sabía que venir al escondite sería el mejor lugar para festejar otra victoria más. ¿No les gusta?

Cuestiona Jason, contemplándonos a cada uno de nosotros. Los chicos asienten inmediatamente, Chrissy, y yo, nos quedamos en silencio. Pues nos han traído a un bar.

—No creo que sea conveniente haber venido aquí—expreso con desconfianza admirando el horroroso letrero del sitio.

El lugar está situado en una calle solitaria y de mala muerte, incluso hay un vagabundo discutiendo con su propia sombra bajo la luz nocturna.

—No seas una aguafiestas___, vienes con nosotros —Jason me toma de la cintura, pegándome a su cuerpo —. Además... estás conmigo, baby.

—¡Es un lugar de mala muerte! —Señalo la calle con obviedad—. No se para que nos has traído aquí.

Chrissy nos contempla haciendo una mueca, cuando nuestras miradas chocan, ella me sonríe y yo le respondo igual.

—Es la tradición —me dice ella antes de mirar a Jason con el ceño fruncido—. ¿No se lo dijiste?

—Solo quise sorprenderla —responde él, todavía abrazándome.

—Dejen de perder el tiempo y mejor démonos prisa, el espectáculo empieza a esta hora—interviene Andy, uno de los chicos del equipo.

Me aparto de Jason para acercarme a la chica e ingresar juntas, pero entonces él toma mi muñeca y me pega hacia su cuerpo.

—Que pasen ellos primero —informa en voz alta, sonriéndome ladino.

—Uy, gracias capitán —Andy se retira y se coloca la gorra, haciendo una tipo reverencia. Chrissy avanza detrás de él estallando en risitas.

—¿Y ustedes qué? —Entorna la mirada sobre dos de los chicos restantes.

—Estamos esperando a Sinclair, dijo qué tal vez asistiría.

—A nadie le interesa ese estúpido negro de sobra, ahora entren y busquen una buena mesa.

Los chicos obedecen resignados, retirándose del lugar. Entonces decido guiar a Jason hacia la entrada, pero él me detiene.

—Déjalos que se distraigan un poco. —Me sonríe con picardía— Ven, vayamos al auto, quiero que me des una mamada.

Abro los ojos muy notoriamente y niego repentinas veces. Estoy muy sonrojada de la vergüenza.

—No, no, ¡Jason estás loco!

Jason eleva el rostro al cielo estallando a carcajadas, me mira y vuelve a reír en alto.

—¿Ahora qué? —enarco una ceja.

—Claro, la capitana de las porristas rechaza mi invitación —extiende una mano hacia mi rostro, ahora luce serio y decepcionado—. Baby, no sabes cuántas chicas quisieran ocupar tu lugar.

𝐑𝐨𝐜𝐤𝐞𝐭 𝐪𝐮𝐞𝐞𝐧 ~𝘌𝘥𝘥𝘪𝘦 𝘔𝘶𝘯𝘴𝘰𝘯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora