Capítulo Cuarenta y Tres

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—Feliz cumpleaños, hermoso.

La irritable voz cantarina sopló cerca del oido de Zayn, tentandolo a voltearse y lanzar un puñetazo al ser detestable que estaba interrumpiendo su preciado sueño con el sonido más molesto conocido por el hombre. En serio, no entendía porque las personas pensaban que bajando la voz hasta que parecía que se habían apretado las pelotas con una mano de hierro, lograban que el durmiente se despertara con mejor humor.

A él, le irritaba en niveles increibles.

Sabía a quién pertenecía la voz, y el dueño era totalmente consciente de su reacción a tal sonido producido por su ser. Seguramente, él lo estaba haciendo adrede. Algo sadico, teniendo en cuenta que era su cumpleaños, su día especial... un día más cerca de la muerte, ¡wii!

Una mano caliente apartó su oscuro cabello, aliento caliente flotó sobre su mejilla mientras la voz volvía—. Zaynie.

—Vuelve a usar ese tono —desafió con voz adormilada—, y te juro que armaré un muñeco vudú de ti y le cortaré las pelotas para luego sentarme y ver como se secan en tu cuerpo y se caen como frutas podridas.

Rio, besando su mejilla con suavidad—. Buenos días, bebé.

—No me digas "bebé" —gruñó, volteandose hacia él y mirandolo con los ojos estrechados—. ¿Que haces en mi cama, Liam?

—Me auto-invite a ella.

—Ya veo, pero como es mi cama, te desinvito —lanzó una patada en su dirección—. Regresa al sofá.

Liam hizo pucheros—. Pero no quiero.

—No me interesa —comenzó a empujarlo fuera de la cama hasta que tuvo suficiente espacio para estirarse y volver a hundir su rostro en la almohada—. Ve a ver si ya revivieron los dinosaurios y dejame.

—¿Acaso dormirás todo el día?

—¿Hay alguna razón que me impida hacerlo? —replicó—. Es sabado, ni Max ni yo tenemos clases y he descubierto que puedo subsistir con la comida que esta en mi sistema en este momento, así que si, dormiré todo el día.

—¿Que hay de Max? ¿No piensas alimentarlo hoy?

—¿Para que estas tu si no puedes prepararle un plato de comida? —bufó.

El castaño gruñó, sacudiendolo del hombro—. Vamos, Zaynie, no puedes dormir todo el maldito día, debes levantarte —insistió—. ¿Acaso no vas a festejar?

—Por supuesto que si, en mis sueños, hasta te envie una invitación a mi fiesta —lo miró entre algunos mechones de cabello que caían sobre su rostro—. Pero se perdió en el correo, lo siento.

—¡Zayn!

—Aggh —gruñó. Tomando un puñado de mantas con cada mano, las jaló sobre su cabeza y se hundió en la cama—. ¡Dejame dormir, maldición!

Cerrando los ojos, Zayn intentó volver a dormir, aun cuando estaba manteniendo su atención en lo que el castaño haría a continuación. Porque lo sabía, Liam no se quedaría con los brazos cruzados en esto.

Sintió la cama moverse, el peso de Liam desapareció de la misma y sus pasos desaparecieron por el pasillo. El suspiro de Zayn se quedó en su garganta, porque algo le decía que no había terminado esa pelea. Cuando los pasos volvieron, se felicitó a si mismo por no bajar la guardia.

—¿Papi?

Oh, el muy maldito estaba usando el recurso de su hijo para chantajearlo. El pequeño peso fue depositado a su lado y no tuvo más remedio que quitar las mantas para ver el rostro adormecido de Max mirarlo con confusión. Seguramente, Liam lo había despertado y sacado de su cama para que convenciera a Zayn de levantarse.

Ja, que poco los conocía.

—Oh, mi pobre pequeño bebé —puso la manta sobre el pequeño cuerpo y lo tiró a su pecho—. Papá malo te despertó, ¿verdad?

Como esperaba, el puchero apareció en los labios del infante—. Si. Y yo estaba soñando con gatitos, papi.

—Mi dulce bebito —le dedicó una mala mirada al castaño, quién ahora parecía un tanto sorprendido, mientras acomodaba a su hijo contra su pecho y escondido en su cuello—. Duerme ahora, cariño, no permitiré que esa detestable persona vuelva a molestar tu sueño.

Liam abrió la boca, seguramente para quejarse, pero nada salió. Cayendo de rodillas, hundió su rostro en el colchón y gruñó contra las mantas. Zayn tuvo que reirse de eso, era tan tonto a veces.

—Eres idiota. —le informó en un susurró.

El castaño levantó la cabeza y lo miró—. Gracias por decirmelo, no me habría percatado de ello de no ser por ti.

—De nada.

Suspirando, Liam pareció derrotado—. ¿Realmente no te levantarás?

—¿Para que hacerlo?

—Seguramente tu familia vendrá a saludarte.

Zayn negó—. No vendrán.

—¿Por qué no?

—Hace cinco años que no lo festejo, dudo que ellos vengan —sus dedos acariciaron el cabello de Max distraidamente, sintiendo la respiración del pequeño acompasarse.

—Zayn...

—Solo dejame dormir, Liam. —pidió—. Dame ese obsequio por mi cumpleaños.

El chico nuevamente parecía dispuesto a discutir, pero no lo hizo, por lo que Zayn supuso que había ganado esta vez. Acomodandose en torno a su hijo, se dejó llevar por el sueño. Esperaba que el día pasara rápido.

El sonido de la gruñona voz de Liam volvió a despertarlo. Abriendo los ojos, se preparó para reclamarle por ser tan molesto, pero se detuvo al instante al ver lo enojado que el castaño estaba. Mantenia el telefono contra su oreja, soltando respuestas bruscas antes de despedirse con un saludo apretado y guardar el aparato.

Zayn lo observó por un largo momento, viendo como sus manos se apretaban en puños con enojo y su cuerpo se tensaba, como si quisiera golpear algo. Él había estado allí muchas veces antes, sabía como se sentía, por lo que decidió solo observar hasta que se calmara.

Cuando se volteo y sus ojos se encontraron, miles de emociones pasaron por los ojos color miel antes de que un brillo de determinación se instalara en ellos. Zayn casi se cae de la cama cuando Liam habló:— Casate conmigo, Zayn. 

¿Ahora me ves? |Ziam|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora