capítulo 23

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Capítulo 23
Mimi Rosé.
Sanación.



──Mandé a vaciar el bar. ──Susurro mirándolo a través del espejo del baño.
Tiene sus manos recargadas en el lavabo, y su cabeza hundida en medio. Acabo de darle un analgésico, y lo obligue a tomar mucha agua.

──No debí, pero… no podían seguir esas botellas aquí. ──Termino.

No dice nada sigue sin verme a los ojos, está sumergido en sus pensamientos y lo entiendo, siente vergüenza.

Me acerco lentamente, poso mis manos en su espalda desnuda, los músculos de esta se relajan ante mi toque.

──No voy a irme, sólo lo haría si tú me lo pidieses, y aún así creo que lo dudaría. Porque sé que no serías tú quien lo pediría, serían tus demonios.

Lo abrazo por la espalda, y recargo mi mejilla en su piel.

──Hablaré con Ignacio. ──Susurra. ──. No más licor.

Cierro mis ojos con fuerza. Eso es un gran avance. Un maravilloso avance…

──Me parece buenísimo eso.

Empieza a girarse lentamente hasta quedar frente a mi, sujeta mis manos y las lleva sus labios dejando un dulce beso en ellas.

──No voy a poder solo, quiero que lo sepas.

Esta pidiendo ayuda, y eso es más que suficiente para mí para entender que no puedo dejarlo solo.

──No vas a estar solo, estarás conmigo. Si es lo que quieres.

──Quiero que sea así

──Entonces será así.

Ya se ha cepillado los dientes, y lavado el rostro, tiene otro semblante.

El aura que lo rodeaba cuando despertó era el de alguien muy triste, sólo, y ahogado.

Detallo su rostro.

──Podrás, yo confío en ti.

──Quisiera creer en mí como tú lo haces, trataré de no defraudarte de nuevo.

──Sé que no lo harás.

Me pongo de puntillas y dejo un beso en sus labios, me recibe como si fuese todo en este momento, puedo sentir el anhelo y la necesidad que desprende en un pequeño y dulce beso que termina con un pesado suspiro.

──No fuiste a trabajar por mi culpa. ──Murmura rozando su nariz con la mía.

──No creo que Inés este molesta, sabe que estoy contigo pero igual en un rato debo ir…

Siento como se tensa.

──No quiero que te vayas.

──Yo tampoco pero, No puedo quedarme aquí.

──¿Por qué?

──Porque debo trabajar, porque debo ir a casa, tengo a Lola, mi madre…

Cierra sus ojos pegado a mi frente. Temo por lo que haga estando sólo, lo que más necesita en estos momentos es tener la mente ocupada.

──Ven conmigo. ──Suelto sin pensarlo si quiera.

──¿A tu trabajo? ──Abre sus ojos.

Pienso muy bien en lo que acabo de decir, y estoy por retractarme cuando me dice que recogerá algunas cosas.
Sonríe levemente, y quizás lo que dije fue lo mejor.

──¿Qué debo ponerme para trabajar en una floristería?

Río al escuchar como pregunta en voz alta algo que era para él mismo.

──Casual. ──Respondo.

Lo cierto es que desde que lo conozco, lo he visto con ropa de vestir, mucho pantalón clásico y camisas. Nada de jean.

──Creo que tengo algo. ──chasquea sus dedos, y toma mi mano para llevarme con él a la habitación.

Abre su clóset donde su ropa está perfectamente acomodada, y planchada.

Se queda mirando todo en silencio.

──¿Luka? ──Traga grueso, noto como busca tomar una de las polo que tiene en una esquina pero su mano temblorosa, lo limita.

Poso mi mano sobre la suya y le sonrío, busca desviar su atención, imagino que sin querer tiene la necesidad del licor.

──Nunca te he visto en polo. ──Miento. Lo he visto en su Instagram. Se gira a verme.

──Entonces me pondré una. ──Saca una rosa, y unos pantalones beige.

Me gusta la combinación.

Relame sus labios dejando todo sobre su cama, recuerdo que no ha comido nada, y lo dejo en la habitación mientras busco el café y un emparedado.

Aún el café se conserva algo caliente, ya que se está en un jarra térmica, le sirvo una taza, le pongo algo de azúcar y me encamino a la habitación para conseguirlo viendo su cello.

Ya se ha cambiado.

──No has comido nada, debes hacerlo.

Me acerco lentamente, guarda el cello en su forro duro, negro. Con sus iniciales en cursiva y en dorado.

Una letra muy hermosa.

──Lo llevaré conmigo.

──Si quieres pasar desapercibido, con el en tu espalda no lo harás.

──Nos iremos con mi seguridad.

Le extiendo el café y lo recibe sentándose en la cama para tener un poco más de estabilidad al tenerlo en sus manos.

Lo sorbe un poco y arruga el ceño.

──Me quedo con tu café. ──murmura.

──Cuando estés en mi casa te hago, mientras te toca tomarte ese, por favor. ──Insisto con su mirada en mi.

Larga un fuerte suspira y lo sigue tomando, le pasó el emparedado y comienza a comer.

Me siento a su lado, y recargo por instinto mi cabeza en su hombro. Me gusta lo que estamos creando, no se qué somos, ni etiqueta vamos a ponernos pero hasta los momentos esto para mí, es suficiente.

Él y yo.

Esa etiqueta me gusta.

──Lamento lo de anoche.  ──Dice.

──Me asuste. Pensé lo peor… creo que sino le hubieses dicho al personal del hotel que soy de confianza, estuviera detenida… haciendo realidad la peor pesadilla de mi madre.

Ríe por lo bajo, y se gira a verme a los ojos.

──Lo siento, en serio. ──Susurra cambiando su semblante. ──. Buscaré ayuda.

Asiento convencida de lo que dice mirándome a los ojos. Siento que es sincero, y que no volveremos a estar en esta situación.

Eso espero.

──No se qué tenemos, sólo llevamos días conociéndonos por mera casualidad, pero quiero ayudarte en este camino. Si quieres sanación luchemos por ella. ¿Si?

──Necesito dejar atrás el pasado para que eso suceda.

──Entonces buscaremos a un psicólogo. ¿Te parece?

──Me parece. ──Musita paseando sus dedos por mi mejilla.

No ha terminado de comer, y el café ya debió de enfriarse.

──Come.

Niega.

──Quiero de tu café. ──anuncia, sonrío.

──En la floristería puedo hacerte, vamos a trabajar.

──Vamos.

Amor platónico Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora