capítulo 20

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Capítulo 20
Mimi Rosé.
Romper.


La sonrisa de mi madre traspasa cualquier flor que interponga en su camino, no quiero verla a los ojos porque voy a soltarme a reír como una lunática.

──Mimi…

──¿Qué…? ──Canturreo con su mismo tono. ──. Estoy ocupada mamá.

Lola camina por toda la floristería moviendo su cola, y agitando la pequeña campaña que cuelga de su collar rosa.

──Deja de mover flores de un lado a otro. ──Pide. ──. ¡Mimi!

Exclama haciendo que detenga mi andar y quite de mi rostro los lirios que use para escudarme de su mirada.

──¿Tu y Luka Hauser? ¡Tu y Luka Hauser! ──Chilla mientras aplaude emocionada.

Sonrío sin poder evitarlo, mi corazón se agita en cuanto me percato que si, que somos Luka Hauser y yo.

Tapo mi rostro con mis manos, los brazos de mi madre me envuelven y brinca haciendo que yo lo haga con ella.

──¡Soy la suegra de Luka Hauser! ──exclama.

──Mamá, ya. Por favor. Compórtate.

──No puedo.  Dios, que emoción. Tanto que lo soñaste, y mira el universo lo puso frente a ti. Soy fiel creyente que la mente atrae, y esto definitivamente confirma mi teoría. ¡Estoy que no me lo creo!

Su emoción me invade, una sonrisa se dibuja en mis labios. Lola pasa entre mis piernas, busca cariño, me inclino para cargarla y pasear mi mano por su pelaje.

Ya se deja acariciar, ya me quiere… efecto Luka.

──¡Hasta cargó a Lola!

──Si… ella lo quiere mucho. Pero, ni se te ocurra decirle su nombre completo.

Mi madre eleva una de sus cejas, y se inclina hacia el mostrador.

──¿No sabe que eres fanática de él?
Niego.

──No. Aunque creo que sospecha, pero ya luego hablaré con él. ¿Si?

──Ok, ok. Mantendré mi boquita cerrada. No queremos espantarlo. ──Hace el gesto con su dedo en los labios. ──. Mi yerno puede salir corriendo cuando vea lo loca que estás por él. Hija contrólate tu también. ¿Si? Bota esos afiches, borra el historial, y no sé… cambia el registro de Lola.

Niego divertida, dejando a Lola en el mostrador para que se acueste junto a mi laptop.

──¿Pasaste la noche con él?

──Creo que es evidente, mamá.

──¿Y como es…? ──Ancla sus codos en la superficie de madera del mostrador y me observa pestañeando varias veces para luego elevar sus cejas.

Ya viene con sus locuras…

──¡Debe hacerlo como toca! Yo insisto ese hombre tiene mucha pasión. ──Suelta Inés saliendo de la trastienda.

──No voy a decirte eso. Eres mi madre…

──Porque soy tu madre debes decirme, anda hija.

──¡No mamá! ──Niego abriendo mi laptop y tomando asiento.

──Yo creo que… le dio como unos cuatro orgasmos. ──musita Inés cortando unas rosas. ──. Y que envidia me da. Mi jardín está más muerto que la muerte misma.

Dios…

Si de verdad el universo escucha; por favor que llegué un cliente.

Pido mirando al techo.

──¿Cuántos?

──¡Mamá ya basta! ──Exclamo.

La puerta se abre y sonrío en demasía al notar que es un cliente.

Gracias, universo.

Mi madre bufa, y pone sus ojos en blanco.

──¿Me llevo a Lola? ──Asiento. ──. Vente, cariño mío.

La toma del mostrador para llevarla a su pecho. Mi gata parece un peluche, es tan peluda que provoca apretarla.

──Le das la vitamina, y que coma por fa, mamá.

──Está bien. ¿Me la llevo a mi casa?

──Si.

Mi madre sonríe.

──¡Hey Inés! Está Noche van a verse de nuevo…

Inés está con el cliente y eleva sus pulgares hacia nosotras llena de emoción.

──Va por el quinto. ──dice que me hundo frente a mi laptop.

Ni el cliente me salvó.

──Te traje almuerzo, unas albóndigas con pasta, y te hice una tarta de chocolate.

Amo a mi madre.

Acaricia mi cabello, y salgo del escondite para verla directamente a los ojos, está feliz… y creo que es por mi.

──Te amo, mi corazón. Y me encanta verte así, tan llena de ilusión. Sea serio o no, gózatelo. ¿Ok?

──Lo haré. Yo también te amo, mamá. Te llamo.

──Está bien. Chao, Inés. Si viene Hauser le haces una foto, que se me pasó ese detalle, por fa. ──Dice gritando para salir de la tienda.

El cliente se gira a verme y quiero desmayarme y quedarme en el piso por horas y horas.

Morir de vergüenza debería ser una de las mil maneras de morir.

──Dios. ──Dejo caer mi cabeza en el mostrador.

Mi teléfono empieza a sonar, me giro a verlo y es Brady.

Ya mi mamá lo llamo.

Mierda.

Amor platónico Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora